Adiós al Poeta Jaime Moya Zúñiga
Se nos venía anunciando desde hace más de un año. Nos lo dijo su amigo y poeta Rodolfo Khan y Pedro, su padre. Jaime Moya Zúñiga tenía un cáncer. Falleció el 17 de septiembre. Dejó un libro... Por: José Martínez Fernández.
Había nacido en 1969.
Para los amigos Jaime Moya Zúñiga era un poeta de un hacer lírico emergente.
Profesor de Educación Básica gustó de diversas manifestaciones artísticas, pero nosotros lo conocimos como poeta y, como tal, fuimos amigos.
Lo conocí en las reuniones de los viernes en la casa de calle Sotomayor, casa del poeta Rodolfo Khan, un maestro de muchos, un guía de tantos: de Markos Quisbert, de Gabriel Moyano, de Reinaldo Hugo, de Denis Fernández, del mismo Jaime, entre otros.
Allí los viernes –con unas cuantas cervezas en el centro de la mesa- se hablaba de letras, de pintura, de política, de otros temas.
Una noche de esas me enfrasqué en una fuerte discusión con él sobre unas determinadas personas y actuaciones. Consideré injustas las versiones de Jaime y eso se transformó en un lío mayor. Casi se llegó a una burda pelea, pero los muchachos, todos, evitaron el asunto en “buena onda”.
Al final de la reunión Jaime me dio la mano y consideramos superado el incidente.
El poeta no era rencoroso, ni lo soy yo, así que a la semana siguiente volvimos a reunirnos en la casa de Khan y a compartir diálogo, cerveza y amistad.
Él publicó un solo libro. En estos momentos no recuerdo el nombre. Eran poemas breves, muy breves. Parecían sentencias filosóficas. Y eran –la mayoría- bellas y estaban bien construidas.
Ese solo libro, al igual como aconteció con Jorge Bellet Pacheco, que también publicó un único libro cuando era casi un niño, le darán a Jaime Moya un espacio en la historia de la poesía reciente de Arica.
Yo tengo la imagen del joven culto y creador que era Jaime. Yo recuerdo la tristeza que su padre, Pedro Moya, guardaba frente a la enfermedad de su hijo. Tenía cierto estoicismo, como el de Jaime.
Jaime, cuando supo que su mal era incurable, no quiso seguir peleando contra el enemigo poderoso que era el mal que le atacaba su cuerpo.
Ha muerto hace sólo unos días: siete después que yo me vine de Arica.
Cuando vuelva allá iré a su tumba y le diré: hermano tu libro te da aire, te permite seguir viviendo y quizás te haga crecer, pero aún no siendo así, tienes un espacio en la historia reciente de la poesía ariqueña.
Y eso es más que algo.
Adiós Jaime Moya Zúñiga.
Para los amigos Jaime Moya Zúñiga era un poeta de un hacer lírico emergente.
Profesor de Educación Básica gustó de diversas manifestaciones artísticas, pero nosotros lo conocimos como poeta y, como tal, fuimos amigos.
Lo conocí en las reuniones de los viernes en la casa de calle Sotomayor, casa del poeta Rodolfo Khan, un maestro de muchos, un guía de tantos: de Markos Quisbert, de Gabriel Moyano, de Reinaldo Hugo, de Denis Fernández, del mismo Jaime, entre otros.
Allí los viernes –con unas cuantas cervezas en el centro de la mesa- se hablaba de letras, de pintura, de política, de otros temas.
Una noche de esas me enfrasqué en una fuerte discusión con él sobre unas determinadas personas y actuaciones. Consideré injustas las versiones de Jaime y eso se transformó en un lío mayor. Casi se llegó a una burda pelea, pero los muchachos, todos, evitaron el asunto en “buena onda”.
Al final de la reunión Jaime me dio la mano y consideramos superado el incidente.
El poeta no era rencoroso, ni lo soy yo, así que a la semana siguiente volvimos a reunirnos en la casa de Khan y a compartir diálogo, cerveza y amistad.
Él publicó un solo libro. En estos momentos no recuerdo el nombre. Eran poemas breves, muy breves. Parecían sentencias filosóficas. Y eran –la mayoría- bellas y estaban bien construidas.
Ese solo libro, al igual como aconteció con Jorge Bellet Pacheco, que también publicó un único libro cuando era casi un niño, le darán a Jaime Moya un espacio en la historia de la poesía reciente de Arica.
Yo tengo la imagen del joven culto y creador que era Jaime. Yo recuerdo la tristeza que su padre, Pedro Moya, guardaba frente a la enfermedad de su hijo. Tenía cierto estoicismo, como el de Jaime.
Jaime, cuando supo que su mal era incurable, no quiso seguir peleando contra el enemigo poderoso que era el mal que le atacaba su cuerpo.
Ha muerto hace sólo unos días: siete después que yo me vine de Arica.
Cuando vuelva allá iré a su tumba y le diré: hermano tu libro te da aire, te permite seguir viviendo y quizás te haga crecer, pero aún no siendo así, tienes un espacio en la historia reciente de la poesía ariqueña.
Y eso es más que algo.
Adiós Jaime Moya Zúñiga.
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hoy hace mas de un año de
hoy hace mas de un año de la partida del poeta y mi mejor mejor amigo...."jaimito el salitrero",con la nostalgia que deja su ausencia y en el afan de no dejar que las emociones de su nombre se pierdan lo busco en la red y me encuentro con esta emotiva nota...para los que lo amamos ha sido dificil pero nos da energia el saber que gozamos del privilegio de su presencia que nunca dejara de estar en cada uno de nosotros...desde antofagasta un gran abrazo y simplemente gracias.
olga alvarez c.
muy emotiva la nota,
muy emotiva la nota, recuerdo ese día. el libro se llama Acto de Presencia, además el jaime dejó mucha poesía inédita q es de esperar pueda ser rescatada en un futuro cercano, en un libro q recoja todo su trabajo. si tienes facebook, recomiendo el grupo: la muerte del poeta jaime moya, el Anfitrión del banquete, realizado por carlos contreras.