La venganza del Aeródromo Los Cerrillos
Con una mano gigante, que sale de ultratumba, Los Cerrillos levantó la palma para que uno de sus enterradores se detuviera y no lograra conseguir el trono que aspiraba con seguridad. Por: Patricio Borlone.
Debo reconocer que jamás se alcanzó a comprender la verdadera razón de desintegrar un aeródromo de gran utilidad para la capital, Santiago, como lo fue Los Cerrillos; cuna, escuela, academia, laboratorio y taller para miles de los que pasamos por ese lugar para aprender, instruirnos y volar por sus vecindades por más de 30 años.
Nadie sabe con certeza cuales fueron los verdaderos motivos e intereses de hacer desaparecer un aeródromo como aquel, para realizar un proyecto que representara al Bicentenario. Han pasado unos años, pero el fantasma de ese campo de aviación sigue girando en espacios invisibles y tiene un dedo apuntador, tal vez, similar a aquellos mitos o leyendas como los sucedidos a los descubridores de las tumbas de los faraones egipcios.
Transcurrirá el tiempo, pero el espíritu y alma en pena de Los Cerrillos seguirá penando a muchos de los que firmaron documentos para que hicieron desaparecer a esa importante pista de aterrizajes.
¿Cuántos salieron beneficiados con la transacción para lotear y urbanizar los terrenos donde hoy, aún podrían escucharse como truena el ruidos de motores, el olor a aceite y gasolina de aviación?
Es de esperar que las respuestas claras y precisas puedan salir a la luz alguna vez, aunque pasen años, si bien se sabe que las suspicacias se han ido acrecentando y las críticas no han terminado acerca de la desaparición de Los Cerrillos.
Todo lo que se pueda alegar en favor del Portal Bicentenario, nadie puede negar que es una obra –tal vez- necesaria, pero podría haberse realizado en otro lugar del Área Metropolitana que no perjudicara tanto a tanta gente, profesionales, técnicos y un sin fin de personas que se beneficiaban con un aeródromo en el centro de la capital y que no dañaba a nadie.
Hasta hoy no se ha sabido de un lugar que pueda ser capaz de emplazar un nuevo aeródromo, con las mismas condiciones del anterior, con una pista apropiada, un ILS (Sistema de Aterrizaje por Instrumentos), luces correspondientes y adecuadas para vuelos nocturnos y todas los ayudas electrónicas normales para un reemplazar al antiguo Los Cerrillos.
Pero el dedo acusador no se detendrá, dicen aquellos que sí saben de estas cosas. El escarmiento del fantasma del aeródromo Los Cerrillos ha comenzado a cobrar víctimas, tal como sucedió alguna vez a Howard Carter, con la “maldición de Tutankamón”
Nadie sabe con certeza cuales fueron los verdaderos motivos e intereses de hacer desaparecer un aeródromo como aquel, para realizar un proyecto que representara al Bicentenario. Han pasado unos años, pero el fantasma de ese campo de aviación sigue girando en espacios invisibles y tiene un dedo apuntador, tal vez, similar a aquellos mitos o leyendas como los sucedidos a los descubridores de las tumbas de los faraones egipcios.
Transcurrirá el tiempo, pero el espíritu y alma en pena de Los Cerrillos seguirá penando a muchos de los que firmaron documentos para que hicieron desaparecer a esa importante pista de aterrizajes.
¿Cuántos salieron beneficiados con la transacción para lotear y urbanizar los terrenos donde hoy, aún podrían escucharse como truena el ruidos de motores, el olor a aceite y gasolina de aviación?
Es de esperar que las respuestas claras y precisas puedan salir a la luz alguna vez, aunque pasen años, si bien se sabe que las suspicacias se han ido acrecentando y las críticas no han terminado acerca de la desaparición de Los Cerrillos.
Todo lo que se pueda alegar en favor del Portal Bicentenario, nadie puede negar que es una obra –tal vez- necesaria, pero podría haberse realizado en otro lugar del Área Metropolitana que no perjudicara tanto a tanta gente, profesionales, técnicos y un sin fin de personas que se beneficiaban con un aeródromo en el centro de la capital y que no dañaba a nadie.
Hasta hoy no se ha sabido de un lugar que pueda ser capaz de emplazar un nuevo aeródromo, con las mismas condiciones del anterior, con una pista apropiada, un ILS (Sistema de Aterrizaje por Instrumentos), luces correspondientes y adecuadas para vuelos nocturnos y todas los ayudas electrónicas normales para un reemplazar al antiguo Los Cerrillos.
Pero el dedo acusador no se detendrá, dicen aquellos que sí saben de estas cosas. El escarmiento del fantasma del aeródromo Los Cerrillos ha comenzado a cobrar víctimas, tal como sucedió alguna vez a Howard Carter, con la “maldición de Tutankamón”
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