La Educación al Banquillo
El ya famoso artículo 46 de la LGE ha puesto a la educación nuevamente en el banquillo de los acusados y desatado una polémica donde cualquiera puede opinar sin medir el efecto de sus expresiones. Por: Roberto Paz Rivera.
La educación sigue en la palestra. Después del llanto de la ministra Jiménez tras el "impasse" que sufrió la LGE en el Congreso, emergen las voces de “especialistas” que recriminan al magisterio su negativa ante el artículo que autoriza a profesionales de otras disciplinas a ejercer docencia en escuelas, liceos y colegios particulares subvencionados del país.
En un medio de circulación nacional aparecieron el fin de semana los puntos de vista de Patricio Navia (por algo director del Magíster en opinión pública de la UDP) y de José Ramón Valente (Director Econsult) apoyando la medida, argumentando que sería casi una especie de inyección al sistema que hace rato está en la UTI.
Sin embargo, nadie se ha preocupado de una cuestión de fondo, que es la improvisación que nuevamente está haciendo el Mineduc en está versión 2.0 de la Reforma Educacional, la segunda en los gobiernos de la Concertación. Señalaré algunas ideas sobre este juicio:
1° Todo partió mal. El Consejo Asesor surgido post Revolución Pingüina no es representativo. Que lo haya encabezado García-Huidobro (no sé cómo fue elegido), que trabajó para el mismísimo Mineduc, fue una medida lamentable. Las cuestiones de fondo que en su momento reclamaron los actores sociales, simplemente se barnizaron (es cosa de ver la LGE).
2° El sistema educacional en sí requiere de una reingeniería. No es posible que la educación sea un negocio, sobre todo la educación superior. Que las universidades “quiebren” como cualquier otra empresa o industria es inconcebible; esto ocurre únicamente en Chile. Que se abran carreras como criminalística u otras sin campo laboral es un engaño con todas sus letras.
En este caso, cabría pensar que algunas universidades están haciendo lo imposible por atraer matrículas, mejor dicho “clientes”, abriendo carreras “a tontas y a locas”; y la causa es que las mismas universidades están reproduciendo el modelo social, es decir, centros para la élite, la clase media y los pobres de este país. Así de simple. No es posible que a ciertas universidades no haya ingresado ningún puntaje igual o superior a 700 puntos en los últimos años, y que otras concentren más de la mitad de los mejores puntajes. Es irrisorio.
3° Cuando se plantea la “improvisación” del Mineduc en diversas materias, se afirma con conocimiento de causa que:
- En relación a los ajustes curriculares de segundo ciclo básico, se dijo que comenzarían en el 2010; sin embargo, los textos escolares ya vienen con los ajustes (partamos con que Estudio y comprensión de la naturaleza pasa a llamarse “Ciencias naturales” apareciendo, además, otros contenidos no dispuestos en el Programa Oficial de la asignatura);
- de dónde el Mineduc va a sacar profesores con una propuesta de enseñanza media de seis años. Aun cuando se afirma que los ajustes son “a largo plazo” (2017), los fantasmas de las dudas sobre la forma de llevar a la práctica estas iniciativas rondan las oficinas de “los iluminados” del ministerio;
- el Mineduc –y eso que quede claro- NUNCA ha pretendido reducir la cantidad de alumnos por curso; ni modificar el sistema de subvenciones. De esa manera, los docentes seguirán con cursos de 45 alumnos, los centros educativos continuarán modificando la asistencia diaria y los profesores seguiremos ejerciendo cargas horarias de hasta 60 horas semanales para conseguir un sueldo decente; más encima con chiquillos indisciplinados totalmente producto de nulos referentes de autoridad en sus casas, los profesores terminan “palapaipa” y recitando a los cuatro vientos “Autorretrato” de Parra. Expertos internacionales han asegurado que en tales condiciones, ninguna reforma puede obtener resultados;
- el Sistema de Educación Superior ha estado al margen de la Reforma Educacional; los planteles siguen igual que hace 20 años; inclusive, con los mismos docentes de antaño (que ignoran la reforma), muchos de ellos “apernados” en las universidades. Las plantas docentes son un bodrio, con posgrados de dudoso origen, por señalar algunos aspectos.
Y así suma y sigue.
Volviendo al tema de la LGE y del ya famoso artículo 46, se puede afirmar que un profesional (no docente) no asegura mejores resultados. Un médico, un abogado, un ingeniero, por citar algunas profesiones, dominan a cabalidad sus conocimientos, pero no poseen las competencias didácticas o metodológicas que se requieren para lograr aprendizajes de calidad.
Lógicamente un ingeniero sabe de física o de matemáticas, pero no está familiarizado con el currículum, las planificaciones, las etapas evolutivas naturales de un niño o de un adolescente, por ejemplo.
Ahora bien, seamos realistas, no cualquier profesión llegará a las aulas. Un médico preferirá trabajar en un consultorio, en el sistema privado o en el ejercicio libre de su profesión, para obtener los millones mensuales de sueldo o el puntaje necesario para especializarse. Lo mismo un ingeniero de minas o un geólogo.
Además, hace años que se lleva a cabo el programa estatal “Servicio País”, en que profesionales recién egresados postulan para dedicarse por un período de tiempo a ejercer en comunas pobres. La ciudadanía debería saber si tales profesionales han ejercido como “profesores” y cómo ha sido su experiencia.
Navia señala que el sistema educativo cierra las puertas a la intención de otros profesionales de dictar clases. Por el contrario, el sistema educativo ha abierto las puertas a psicólogos, sociólogos, matronas, obstetras y ginecólogos desde hace rato, como agentes colaboradores en proyectos y programas de sexualidad, de afectividad y graves problemas de comunicación, entre otros. Para qué hablar de los establecimientos técnico-profesionales donde laboran técnicos en diversas disciplinas, creándose hace unos años –inclusive- la carrera de Pedagogía en Educación Técnico-Profesional.
Por otra parte, es un asunto delicado profesionalmente hablando. ¿Cuál sería –por ejemplo- la óptica sobre el Golpe Militar de un abogado o de un cientista político (como el mismo Señor Navia), que hubiese estudiado en una institución ligada al Opus Dei o a los sectores de derecha? (o al revés, da lo mismo el ejemplo).
Creo que los docentes de mi país, a pesar de no haber contado con cátedras de ética profesional o semejantes en sus carreras (por lo menos no existía en mi época en mi facultad) actuamos con decencia, prolijidad y con un gran sentido del deber por el rol que representamos frente a la sociedad. Y de eso habla muy bien la actuación de la profesora agredida al inicio del año escolar quien no interpuso ninguna medida frente al joven agresor.
Desde este punto de vista, sería una irresponsabilidad dar cabida a profesionales que desconocen el sistema educativo, que no sabrían cómo actuar frente a los problemas que se dan a diario en los centros y para los cuales hay que actuar con criterio y más allá del sentido común. Es tan contradictoria la situación que - estoy casi seguro - ninguna actividad permite que un estudiante “en práctica” decida sobre cuestiones trascendentes: en la construcción de un puente, un trasplante de órganos, la redacción de un texto legal, etc. Y la educación –por esencia- es una actividad trascendente. ¿Alguien me puede explicar la lógica de todo este asunto?.
Los profesores podemos hacer un “mea culpa” y profesionalizar aún más esta hermosa actividad, cuyos representantes más exitosos han obtenido el Premio Nobel o alcanzado la Presidencia del país. Sin embargo, las instituciones ligadas al magisterio deberían ser más protagónicas, como por ejemplo, el Colegio de Profesores.
No puede ser que un Ingeniero, desde las aulas de su facultad, proponga los cambios que requiere la educación en el país (me refiero a “Educación 2020”); por el contrario, debería ser una universidad pedagógica (la UMCE, la UPLA, por ejemplo), un líder pedagógico, un docente “estrella”, un profesor “maestro de maestros”, que genere el debate, que movilice al sector, que motive a todos los profesores.
Porque estamos convencidos, y seguramente son miles los profesores y profesoras que por una profunda vocación, así pensamos, que la educación requiere urgentes medidas por el bien del país y de las futuras generaciones.
En un medio de circulación nacional aparecieron el fin de semana los puntos de vista de Patricio Navia (por algo director del Magíster en opinión pública de la UDP) y de José Ramón Valente (Director Econsult) apoyando la medida, argumentando que sería casi una especie de inyección al sistema que hace rato está en la UTI.
Sin embargo, nadie se ha preocupado de una cuestión de fondo, que es la improvisación que nuevamente está haciendo el Mineduc en está versión 2.0 de la Reforma Educacional, la segunda en los gobiernos de la Concertación. Señalaré algunas ideas sobre este juicio:
1° Todo partió mal. El Consejo Asesor surgido post Revolución Pingüina no es representativo. Que lo haya encabezado García-Huidobro (no sé cómo fue elegido), que trabajó para el mismísimo Mineduc, fue una medida lamentable. Las cuestiones de fondo que en su momento reclamaron los actores sociales, simplemente se barnizaron (es cosa de ver la LGE).
2° El sistema educacional en sí requiere de una reingeniería. No es posible que la educación sea un negocio, sobre todo la educación superior. Que las universidades “quiebren” como cualquier otra empresa o industria es inconcebible; esto ocurre únicamente en Chile. Que se abran carreras como criminalística u otras sin campo laboral es un engaño con todas sus letras.
En este caso, cabría pensar que algunas universidades están haciendo lo imposible por atraer matrículas, mejor dicho “clientes”, abriendo carreras “a tontas y a locas”; y la causa es que las mismas universidades están reproduciendo el modelo social, es decir, centros para la élite, la clase media y los pobres de este país. Así de simple. No es posible que a ciertas universidades no haya ingresado ningún puntaje igual o superior a 700 puntos en los últimos años, y que otras concentren más de la mitad de los mejores puntajes. Es irrisorio.
3° Cuando se plantea la “improvisación” del Mineduc en diversas materias, se afirma con conocimiento de causa que:
- En relación a los ajustes curriculares de segundo ciclo básico, se dijo que comenzarían en el 2010; sin embargo, los textos escolares ya vienen con los ajustes (partamos con que Estudio y comprensión de la naturaleza pasa a llamarse “Ciencias naturales” apareciendo, además, otros contenidos no dispuestos en el Programa Oficial de la asignatura);
- de dónde el Mineduc va a sacar profesores con una propuesta de enseñanza media de seis años. Aun cuando se afirma que los ajustes son “a largo plazo” (2017), los fantasmas de las dudas sobre la forma de llevar a la práctica estas iniciativas rondan las oficinas de “los iluminados” del ministerio;
- el Mineduc –y eso que quede claro- NUNCA ha pretendido reducir la cantidad de alumnos por curso; ni modificar el sistema de subvenciones. De esa manera, los docentes seguirán con cursos de 45 alumnos, los centros educativos continuarán modificando la asistencia diaria y los profesores seguiremos ejerciendo cargas horarias de hasta 60 horas semanales para conseguir un sueldo decente; más encima con chiquillos indisciplinados totalmente producto de nulos referentes de autoridad en sus casas, los profesores terminan “palapaipa” y recitando a los cuatro vientos “Autorretrato” de Parra. Expertos internacionales han asegurado que en tales condiciones, ninguna reforma puede obtener resultados;
- el Sistema de Educación Superior ha estado al margen de la Reforma Educacional; los planteles siguen igual que hace 20 años; inclusive, con los mismos docentes de antaño (que ignoran la reforma), muchos de ellos “apernados” en las universidades. Las plantas docentes son un bodrio, con posgrados de dudoso origen, por señalar algunos aspectos.
Y así suma y sigue.
Volviendo al tema de la LGE y del ya famoso artículo 46, se puede afirmar que un profesional (no docente) no asegura mejores resultados. Un médico, un abogado, un ingeniero, por citar algunas profesiones, dominan a cabalidad sus conocimientos, pero no poseen las competencias didácticas o metodológicas que se requieren para lograr aprendizajes de calidad.
Lógicamente un ingeniero sabe de física o de matemáticas, pero no está familiarizado con el currículum, las planificaciones, las etapas evolutivas naturales de un niño o de un adolescente, por ejemplo.
Ahora bien, seamos realistas, no cualquier profesión llegará a las aulas. Un médico preferirá trabajar en un consultorio, en el sistema privado o en el ejercicio libre de su profesión, para obtener los millones mensuales de sueldo o el puntaje necesario para especializarse. Lo mismo un ingeniero de minas o un geólogo.
Además, hace años que se lleva a cabo el programa estatal “Servicio País”, en que profesionales recién egresados postulan para dedicarse por un período de tiempo a ejercer en comunas pobres. La ciudadanía debería saber si tales profesionales han ejercido como “profesores” y cómo ha sido su experiencia.
Navia señala que el sistema educativo cierra las puertas a la intención de otros profesionales de dictar clases. Por el contrario, el sistema educativo ha abierto las puertas a psicólogos, sociólogos, matronas, obstetras y ginecólogos desde hace rato, como agentes colaboradores en proyectos y programas de sexualidad, de afectividad y graves problemas de comunicación, entre otros. Para qué hablar de los establecimientos técnico-profesionales donde laboran técnicos en diversas disciplinas, creándose hace unos años –inclusive- la carrera de Pedagogía en Educación Técnico-Profesional.
Por otra parte, es un asunto delicado profesionalmente hablando. ¿Cuál sería –por ejemplo- la óptica sobre el Golpe Militar de un abogado o de un cientista político (como el mismo Señor Navia), que hubiese estudiado en una institución ligada al Opus Dei o a los sectores de derecha? (o al revés, da lo mismo el ejemplo).
Creo que los docentes de mi país, a pesar de no haber contado con cátedras de ética profesional o semejantes en sus carreras (por lo menos no existía en mi época en mi facultad) actuamos con decencia, prolijidad y con un gran sentido del deber por el rol que representamos frente a la sociedad. Y de eso habla muy bien la actuación de la profesora agredida al inicio del año escolar quien no interpuso ninguna medida frente al joven agresor.
Desde este punto de vista, sería una irresponsabilidad dar cabida a profesionales que desconocen el sistema educativo, que no sabrían cómo actuar frente a los problemas que se dan a diario en los centros y para los cuales hay que actuar con criterio y más allá del sentido común. Es tan contradictoria la situación que - estoy casi seguro - ninguna actividad permite que un estudiante “en práctica” decida sobre cuestiones trascendentes: en la construcción de un puente, un trasplante de órganos, la redacción de un texto legal, etc. Y la educación –por esencia- es una actividad trascendente. ¿Alguien me puede explicar la lógica de todo este asunto?.
Los profesores podemos hacer un “mea culpa” y profesionalizar aún más esta hermosa actividad, cuyos representantes más exitosos han obtenido el Premio Nobel o alcanzado la Presidencia del país. Sin embargo, las instituciones ligadas al magisterio deberían ser más protagónicas, como por ejemplo, el Colegio de Profesores.
No puede ser que un Ingeniero, desde las aulas de su facultad, proponga los cambios que requiere la educación en el país (me refiero a “Educación 2020”); por el contrario, debería ser una universidad pedagógica (la UMCE, la UPLA, por ejemplo), un líder pedagógico, un docente “estrella”, un profesor “maestro de maestros”, que genere el debate, que movilice al sector, que motive a todos los profesores.
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