Por la descentralización.
Como el espacio es limitado, no está la posibilidad de ahondar en las especificaciones. Luego, sólo cabe expresar, que lo ofrecido no es suficiente. Pero, sí nos permitirá un correcto uso de los recursos fiscales
Fue sólo en la antigua Grecia, y debido al pequeño número de personas que conformaban la ciudad estado, el lugar en donde se ha practicado la democracia como todos soñamos, de forma participativa. Después, y desde la gran experiencia estadounidense, la democracia se ha vuelto solo representativa, es decir, se participa por medio de representantes elegidos.
De este modo la libertad e igualdad –quizás las mayores causas de guerra en la historia- sólo las experimentamos, en tanto que permanecemos en la urna; ya con respecto a esto Rousseau señaló, años atrás, que “los ciudadanos sólo son libres durante la elección de los miembros del parlamento. Tan pronto éstos son electos, (los ciudadanos) se vuelven esclavos, pasan a ser nada”.
A raíz de lo anterior y con el fin de no ser esclavos con ilusiones falsas, es que es nuestro deber exigir, desde el mismo 11 de marzo, el cumplimiento de los compromisos adquiridos en campaña, y que llevaron al 51,6% de los electores, a optar por un cambio de coalición en gobierno.
Según creo, para nosotros, la gente de provincia, existe un compromiso que tiene mayor relevancia que los demás, y como se puede advertir en el título, es la descentralización. El frustrante desarrollo histórico, que ha convertido a éste ítem en la más postergada de las condiciones necesarias para ser un país moderno, y además ha propiciado el desigual crecimiento de Santiago con respecto a nuestra ciudad, recuerda la displicencia con la que hemos afrontado el desafío y nos exige que no volvamos a fallar hoy, frente al gobierno porvenir.
Ahora bien, descentralización tiene relación con la disposición, mediante la cual se busca traspasar funciones y atribuciones desde el gobierno central a gobiernos subnacionales democrática y legalmente autónomos. Ergo, el real alcance del concepto hace que ni siquiera sea imaginable su aplicación real durante el gobierno próximo, por lo tanto, debemos enfocarnos en la oferta del presidente electo, la cual, tiene mayor concordancia con el concepto de desconcentración (mecanismo usado para traspasar funciones y atribuciones desde el gobierno central a organizaciones con un cierto grado de autonomía frente a éste, pero que siguen formando parte de éste).
Las dimensiones que comprenden el centralismo nacional son tres: administrativa, fiscal y política. Piñera apunta principalmente a la dimensión fiscal para lograr cambios significativos en la materia. Y si bien también ha propuesto avances en las otras dos áreas, estas propuestas no parecen tener relevancia para el objetivo final. Actualmente se contempla que las asignaciones de recursos para bienes públicos están siendo, en su mayoría, determinadas por Santiago, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), esto inevitablemente atrae ineficiencias al no conocerse las realidades y necesidades locales. La promesa, consiste en cambiar esta situación y así conceder mayor autonomía local para decisiones sobre políticas públicas.
Como el espacio es limitado, no está la posibilidad de ahondar en las especificaciones. Luego, sólo cabe expresar, que lo ofrecido no es suficiente. Pero, sí nos permitirá un correcto uso de los recursos fiscales, según las necesidades particulares de cada región. Así las cosas, son ahora nuestras autoridades -si es que les queda el guante- quienes deben exigir el cumplimiento del programa de campaña. Y así, confirmar que es realmente el pueblo (demos) quien gobierna (kratos) a través de sus representantes.
De este modo la libertad e igualdad –quizás las mayores causas de guerra en la historia- sólo las experimentamos, en tanto que permanecemos en la urna; ya con respecto a esto Rousseau señaló, años atrás, que “los ciudadanos sólo son libres durante la elección de los miembros del parlamento. Tan pronto éstos son electos, (los ciudadanos) se vuelven esclavos, pasan a ser nada”.
A raíz de lo anterior y con el fin de no ser esclavos con ilusiones falsas, es que es nuestro deber exigir, desde el mismo 11 de marzo, el cumplimiento de los compromisos adquiridos en campaña, y que llevaron al 51,6% de los electores, a optar por un cambio de coalición en gobierno.
Según creo, para nosotros, la gente de provincia, existe un compromiso que tiene mayor relevancia que los demás, y como se puede advertir en el título, es la descentralización. El frustrante desarrollo histórico, que ha convertido a éste ítem en la más postergada de las condiciones necesarias para ser un país moderno, y además ha propiciado el desigual crecimiento de Santiago con respecto a nuestra ciudad, recuerda la displicencia con la que hemos afrontado el desafío y nos exige que no volvamos a fallar hoy, frente al gobierno porvenir.
Ahora bien, descentralización tiene relación con la disposición, mediante la cual se busca traspasar funciones y atribuciones desde el gobierno central a gobiernos subnacionales democrática y legalmente autónomos. Ergo, el real alcance del concepto hace que ni siquiera sea imaginable su aplicación real durante el gobierno próximo, por lo tanto, debemos enfocarnos en la oferta del presidente electo, la cual, tiene mayor concordancia con el concepto de desconcentración (mecanismo usado para traspasar funciones y atribuciones desde el gobierno central a organizaciones con un cierto grado de autonomía frente a éste, pero que siguen formando parte de éste).
Las dimensiones que comprenden el centralismo nacional son tres: administrativa, fiscal y política. Piñera apunta principalmente a la dimensión fiscal para lograr cambios significativos en la materia. Y si bien también ha propuesto avances en las otras dos áreas, estas propuestas no parecen tener relevancia para el objetivo final. Actualmente se contempla que las asignaciones de recursos para bienes públicos están siendo, en su mayoría, determinadas por Santiago, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), esto inevitablemente atrae ineficiencias al no conocerse las realidades y necesidades locales. La promesa, consiste en cambiar esta situación y así conceder mayor autonomía local para decisiones sobre políticas públicas.
Como el espacio es limitado, no está la posibilidad de ahondar en las especificaciones. Luego, sólo cabe expresar, que lo ofrecido no es suficiente. Pero, sí nos permitirá un correcto uso de los recursos fiscales, según las necesidades particulares de cada región. Así las cosas, son ahora nuestras autoridades -si es que les queda el guante- quienes deben exigir el cumplimiento del programa de campaña. Y así, confirmar que es realmente el pueblo (demos) quien gobierna (kratos) a través de sus representantes.
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