Poetas de Elqui III parte

Volver, después de muchas lunas volver, como quien vuelve al pueblo donde alguna vez jugó. Volver, después de muchos bares y sombras, después de muchas noches, después de los pájaros, de los árboles...
Imagen de Patricia Ardiles
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16 de Abril, 2010 07:04
La Poesía, es el sentimiento hecho verbo en un poema, en una canción sacada de lo más profundo del corazón de su creador,
Pero no necesariamente el poema nos interpreta el verdadero sentimiento del poeta. Muchas veces no es más que la inspiración de un momento, de un ciclo o una dimensión hacia nosotros mismos.
Últimamente he tenido la impresión de que los poetas son pequeños duendes enviados desde un espacio desconocido.
Los poetas de nuestra ciudad son una mala suerte de logia, totalmente aislada de las civilizaciones más ordinarias, pero acaso ¿no es eso lo que buscamos cuando queremos estar solos, cuando deseamos realmente parir algún poema?
Se es más solitario que las ratas, talvez siempre seguido de algún compañero, sea lápiz, sea la hoja en blanco o incluso el más conocido de los amigos desconocidos.
Hablarles entonces con algo de locura sobre estos magníficos duendecillos de la poesía, es para mi un verdadero deleite.

Kundalini, seudónimo de Gonzalo Hernández, nace en la ciudad de La Serena en julio de 1968. Desde el año 1991 mantiene ediciones en la revista Musaraña, en 1994 crea el Centro Poético Cadáver Exquisito en la universidad de La Serena, donde estudió castellano y filosofía.
Actualmente se dedica fervorosamente a la confección de la nueva Musaraña y a la revista, también de poesía, Delfines por la negación.
Debíamos detenernos
Majestuosa elevábase la cordillera espiritual de la especie
Inevitablemente a pesar de algunos río
Remontó cerro
En una comunión como nunca antes se vio en los valles
Algunos animales espirituales ascendían
Asediaban con ella
Y nosotros gozábamos de ciertas flores
Cerebrales en la orgía
Mítica en el cantar de gesta de todos los genitales del mundo
Los querubines ríos adoraban y consentían
Nuestras vanidades
Los microduendes querían tranzar jarabe de ajo por alucinógenos
Y como no logramos acuerdo nos arrojaron
Las arañas
Místicas las sufrientes vanidades serpientes
Malignas sectarias
Los voraces caminantes llegaron la puerta
Al otro mundo también
Escucha como gritan blanco los secretos
Arcángeles de tu piel
Pero también los bárbaros huraños inauditos
De la permanente
De la luna vieja de la vieja Stella y porqué
No decirlo… Nadie
Era un ángel pero por lo menos hablábamos
Con una honesta
Convicción de perro caminando el domingo
Por el centro de Serena
Hablábamos de la vida de la poesía
Del vino
De los poderes y los poderosos
De la vergüenza la divina que detiene
Y los brujos aullaban furiosos a la serpiente
Calva vuestro humilde
Servidor redentor de monstruos cuando
La semana menos lo indica
Insultando demencial con las plumas erizadas eléctricas encendidas
Definitivamente por culpa de la cueva del
Chamán la piedra
Los petroglifos el hombre elevado desde la tierra
Desde los elementos
El hombre empalado verticalmente por
Por el padre y el ojo omnipresente
La gran cueva aullaba a pocos kilómetros los
Piratas comentaban
Un nuevo incendio en la ciudad y nosotros los
Vecinos no teníamos
Dinero para pagar el rescate y luego Fffff Francisco y su numerosa parentela
Debíamos detenerlos te acuerdas hermano/ hermana.
Hay veces en la que me pongo algo machista, sin perder por supuesto ese feminismo necio que llevo dentro y hablar de locura en la poesía también involucra a la mujer poetisa, aunque yo prefiero hablar de poetas, pero quien de todas maneras pinta de colores mágicos esta ciudad indiferente y presuntuosa somos nosotras.
Juana Baudoin, nació en invierno contemplando desde el primer instante el único puerto tridimensionalmente que impacta y cautiva Valparaíso - Chile. Es autora del poemario “No nací para ser nómade” 1984. “Al sur de una estrella” 1996
Una tarde de velamen blanco
Cuando del monte acuñado de sol, vuelven
Los pastores errantes, tocando
Su flauta doble de caña,
Azucarada de estrellas.
Oh! Frescura del río,
Con puños de capullos de rosas,
Perseguido tu amor, en la corriente cristalina
Como un abedul azuloso plateado,
En la ribera te aguardaba
Dormida entre los tréboles frescos.
Oh! Amante con tus pies desnudos construías
Un puente de aroma sobre el limo tibio
Desde donde emerge mi risa, entre las hojas
Que plañía un canto de gloria
Con la brisa.
Siguiéndote...
Como cántaro recién modelado
Cruzando las alas
Me abría a la noche
Siempre esperada
¡Mujer! Acompasada,
Desmantelada de espinos.
Con flores palpitantes
En guirnaldas ensortijadas
Sobre mis pechos oscuros,
Por donde resbala también la tierra
Reverenciada de hijos. .

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