¡¡QUIERO MORIR… ES MI VIDA!!
El deseo de morir de Inmaculada Echevarría, una mujer con parálisis muscular progresiva, ha reabierto el debate sobre la eutanasia en España.
El título de esta columna corresponde a las palabras de Inmaculada Echevarría, una española con una parálisis a causa de una distrofia muscular progresiva.
No puedo dejar de pensar en las declaraciones entregadas a la televisión española y al diario El País, en las que explicaba (por no decir suplicaba) que deseaba que la muerte llegara: “¡Quiero morir… es mi vida!”. Más de 20 años tuvo que soportar vivir en esas condiciones, e incluso luchó demasiado para que respetaran su decisión.
Inmaculada, de 51 años, falleció el miércoles 14 de marzo en un centro de la sanidad pública, el Hospital San Juan de Dios de Granada, al sur de Andalucía, tras haber sido sedada para que no sufriera dolor. La mujer, que sólo podía mover los dedos y los músculos de la cara, había pedido ser desconectada de la máquina de ventilación artificial que la mantenía con vida. Su muerte trajo consigo el debate sobre la eutanasia, o “muerte asistida” como lo califican los médicos”, en la sociedad española.
La eutanasia, cuyo significado etimológico es "buena muerte", define el proceso que tiene por objeto ayudar a morir sin dolor a un enfermo en estado terminal e irreversible, y sólo ha sido legalizada en su aplicación más amplia en dos países europeos, Holanda y Bélgica. En el caso de España, la eutanasia es ilegal, y para quienes “ayuden” a aliviar de su dolor a otro, puede arriesgar penas de cárcel. Sin embargo, el caso de Inmaculada escapa de las leyes, ya que la mujer tuvo que convencer de su decisión a sectores católicos y a los líderes gubernamentales del Partido Socialista Español.
Esta decisión nos hace reflexionar hasta qué punto somos dueños de nuestras vidas. Si una persona postrada por años en una cama, que sabe que no tendrá remedio, y que sólo pasa día y noche mirando el techo de su habitación… ¿Podríamos decir que es vida? también tenemos que considerar otro factor importante: la familia. A veces nuestros seres queridos son nuestro cable a tierra y también existe la preocupación de qué pasará con ellos, como llevarán la pena de haber perdido a alguien. Por eso, la eutanasia no es un tema fácil de tratar.
El debate sobre la eutanasia en España se avivó anteriormente con el caso del tetrapléjico Ramón Sampedro, quien hizo un dramático llamado por televisión, mostrando una bombilla y un vaso, en cuyo interior había líquido que acabaría con su vida. Fue tan fuerte el testimonio de Sampedro que su figura inspiró la película "Mar adentro", de Alejandro Amenabar.
Hace poco menos de un año, el fallecimiento del pentapléjico Jorge León, que apareció desconectado del respirador artificial que le mantenía con vida después de que manifestara su deseo de morir, también despertó la polémica en España.
En el caso de Chile, la eutanasia está penalizada. Sin embargo, no por eso estamos exentos de casos tan dramáticos como el ocurrido en Los Andes. La salud de Laura Guajardo Guajardo, una mujer de 84 años, tenía acongojadas a cuatro funcionarias del Hospital de Los Andes que estaban encargadas de su salud. Entonces, surgió la idea de que la señora, aquejada de una diabetes mellitus que ya le había costado la amputación de una de las piernas, dejara de sufrir. La solución estaba al alcance de la mano. En un acto de “buena voluntad”, si podríamos decirlo así, una estudiante de enfermería y una paramédico cumplieron la voluntad de la mujer. Una sobredosis de insulina puso fin al sufrimiento de Laura Guajardo.
Como se ha mencionado anteriormente, el tema de la eutanasia es complejo y difícil de tratar, tanto desde el punto de vista legal como ético, ya que podríamos decir que se trata de una decisión personal, pero también podríamos decir ¿quiénes somos para quitarle la vida a otro ser humano?
Yo sólo les entrego algunos antecedentes. Ustedes deben crear sus propias conclusiones. Sin embargo, existen dos premisas importantes que se contraponen: respetar la vida del otro y respetar la decisión personal de morir.
Fotografía: Inmaculada Echevarría (Flickr.com)
No puedo dejar de pensar en las declaraciones entregadas a la televisión española y al diario El País, en las que explicaba (por no decir suplicaba) que deseaba que la muerte llegara: “¡Quiero morir… es mi vida!”. Más de 20 años tuvo que soportar vivir en esas condiciones, e incluso luchó demasiado para que respetaran su decisión.
Inmaculada, de 51 años, falleció el miércoles 14 de marzo en un centro de la sanidad pública, el Hospital San Juan de Dios de Granada, al sur de Andalucía, tras haber sido sedada para que no sufriera dolor. La mujer, que sólo podía mover los dedos y los músculos de la cara, había pedido ser desconectada de la máquina de ventilación artificial que la mantenía con vida. Su muerte trajo consigo el debate sobre la eutanasia, o “muerte asistida” como lo califican los médicos”, en la sociedad española.
La eutanasia, cuyo significado etimológico es "buena muerte", define el proceso que tiene por objeto ayudar a morir sin dolor a un enfermo en estado terminal e irreversible, y sólo ha sido legalizada en su aplicación más amplia en dos países europeos, Holanda y Bélgica. En el caso de España, la eutanasia es ilegal, y para quienes “ayuden” a aliviar de su dolor a otro, puede arriesgar penas de cárcel. Sin embargo, el caso de Inmaculada escapa de las leyes, ya que la mujer tuvo que convencer de su decisión a sectores católicos y a los líderes gubernamentales del Partido Socialista Español.
Esta decisión nos hace reflexionar hasta qué punto somos dueños de nuestras vidas. Si una persona postrada por años en una cama, que sabe que no tendrá remedio, y que sólo pasa día y noche mirando el techo de su habitación… ¿Podríamos decir que es vida? también tenemos que considerar otro factor importante: la familia. A veces nuestros seres queridos son nuestro cable a tierra y también existe la preocupación de qué pasará con ellos, como llevarán la pena de haber perdido a alguien. Por eso, la eutanasia no es un tema fácil de tratar.
El debate sobre la eutanasia en España se avivó anteriormente con el caso del tetrapléjico Ramón Sampedro, quien hizo un dramático llamado por televisión, mostrando una bombilla y un vaso, en cuyo interior había líquido que acabaría con su vida. Fue tan fuerte el testimonio de Sampedro que su figura inspiró la película "Mar adentro", de Alejandro Amenabar.
Hace poco menos de un año, el fallecimiento del pentapléjico Jorge León, que apareció desconectado del respirador artificial que le mantenía con vida después de que manifestara su deseo de morir, también despertó la polémica en España.
En el caso de Chile, la eutanasia está penalizada. Sin embargo, no por eso estamos exentos de casos tan dramáticos como el ocurrido en Los Andes. La salud de Laura Guajardo Guajardo, una mujer de 84 años, tenía acongojadas a cuatro funcionarias del Hospital de Los Andes que estaban encargadas de su salud. Entonces, surgió la idea de que la señora, aquejada de una diabetes mellitus que ya le había costado la amputación de una de las piernas, dejara de sufrir. La solución estaba al alcance de la mano. En un acto de “buena voluntad”, si podríamos decirlo así, una estudiante de enfermería y una paramédico cumplieron la voluntad de la mujer. Una sobredosis de insulina puso fin al sufrimiento de Laura Guajardo.
Como se ha mencionado anteriormente, el tema de la eutanasia es complejo y difícil de tratar, tanto desde el punto de vista legal como ético, ya que podríamos decir que se trata de una decisión personal, pero también podríamos decir ¿quiénes somos para quitarle la vida a otro ser humano?
Yo sólo les entrego algunos antecedentes. Ustedes deben crear sus propias conclusiones. Sin embargo, existen dos premisas importantes que se contraponen: respetar la vida del otro y respetar la decisión personal de morir.
Fotografía: Inmaculada Echevarría (Flickr.com)
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