¿Eres más inteligente que tus padres?

El rápido análisis de una película realizado por mi madre me hizo pensar: ¿qué tan inteligentes somos los hijos? ¿la evolución nos está llevando efectivamente a potenciar nuestra inteligencia?
Imagen de Javier Martinez
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05 de Abril, 2007 07:04
Días antes de la entrega de los premios Oscar, fui a ver la posteriormente galardonada película El Laberinto del Fauno con mi mujer y con mis padres que estaban de visita en Chile. Según salíamos por la puerta del cine, la primera frase que pronunció mi madre fue: "Esta es una película acerca de la obediencia. Por un lado está la historia del militar que obedece y hace obedecer las órdenes a sangre y fuego y por otro la historia de la niña que se deja guiar por su intuición y su criterio y desobedece lo que le mandan".
Me pareció sorprendente que aun cuando ni mi mujer ni yo habíamos siquiera empezado a digerir la película, mi madre ya había efectuado un análisis tan veloz y certero. Apuesto que pocas personas habrán sido capaces de realizar ese ejercicio con tal celeridad y precisión.
Pensando más tarde sobre esta situación, empecé a reflexionar hasta que punto soy o no más inteligente que mis padres.
La civilización avanza a medida que incrementamos el número de operaciones que podemos llevar a cabo sin pensar en ellas, es decir las automatizamos y se las trasladamos a los computadores. Obviamente, generación tras generación, el mundo progresa de forma continua y parece que cada generación supera a la anterior. En teoría, aunque vivimos en un contexto más complejo (tan acelerados que hemos perdido el ritmo y la conexión con la madre naturaleza), nosotros hemos tenido acceso a una educación mucho más extensa y de mejor calidad: Mejores colegios, mejores medios, acceso a educación superior (mi mujer tiene 2 carreras universitarias y 2 masters a sus espaldas y yo 1 carrera y 2 masters mientras que mi madre jamás fue a la universidad). Hemos realizado cursos de perfeccionamiento, formación continua ofrecida por nuestras empresas… Incluso tuvimos mejor alimentación. Pero claramente nada de eso puede explicar la brillantez con la que razonó mi madre. Cuando entrevisto a una persona para contratarla, nunca le pregunto qué nota sacó en una asignatura determinada ni como promedio de la carrera, lo que me interesa es que me cuente con que empresas y clientes ha trabajado, en que proyectos ha participado y que me muestre ejemplos de sus trabajos.
La respuesta está directamente relacionada con lo que entendemos por ser Inteligente. La tradición siempre ha considerado inteligentes a las personas con alto coeficiente intelectual, las que obtenían un brillante expediente académico y buenas notas, las que son capaces de mostrar un currículum repleto de títulos y en definitiva la gente "culta, ilustrada" que es la que ha leído mucho, la que acumula muchos datos. Mi definición de inteligencia es muy distinta. Considero inteligente a una persona cuando es capaz de tomar buenas decisiones (del latín inter elegire, elegir entre), ser feliz con lo que es y lo que tiene, e incluso de hacer predicciones a partir de lo que ya sabe como menciona Jeff Hawkins en su libro On Intelligence. Pero la característica más importante, el rasgo que me hace considerar que alguien es verdaderamente inteligente es la capacidad de aprender rápidamente y hacer buenas preguntas, es decir, la pasión por aprender de manera permanente. Siempre se habla de aprender a aprender pero ¿Cómo se enseña a aprender? ¿Cómo se aprende a ser inteligente?
Aprender es un asunto muy serio. En realidad, no hay nada más importante que aprender. Hay cosas que son igual de importantes pero no más y que son las que nadie puede hacer por ti ni te pueden obligar: si no comes, no bebes o no duermes te mueres pero si no aprendes, también te mueres.
Todos los días gestionamos el conocimiento para las actividades que realizamos pero en definitiva todo lo hemos tenido que aprender: desde agarrar un vaso, comer un yogur, caminar, hablar, atarnos los zapatos, llegar a la oficina, diseñar cursos o escribir artículos. Lo que hoy somos cada uno de nosotros, nuestras competencias, nuestras cualidades son fruto de lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, ni más ni menos. Cada uno puede reflexionar sobre cuanto de eso ocurrió en un aula o asistiendo a un curso…
La realidad es que para aprender no hacen falta cursos, al igual que para hacer un curso no necesito contenidos. Para diseñar un curso de ventas, lo que necesito es un buen vendedor, un buen experto, los contenidos están por todas partes.
Mi hijo Iñigo aprendió a hablar sin un profesor que le impartiese lecciones y yo aprendí a ser padre o ser Gerente de Gestión del Conocimiento también sin realizar ningún curso. Mi hijo Pablo, de 1 año y medio, no sabe partir la carne con cuchillo y tenedor mientras yo si sé hacerlo. La única diferencia es que yo lo aprendí hace ya muchos años y desde entonces lo he practicado y repetido miles de veces. Yo tengo conocimiento, Pablo lo tendrá dentro de muy poco, sólo necesita aprender. Cuando nacemos, todos desarrollamos la habilidad de aprender pero posteriormente, la educación formal empieza de a poco, pero sistemáticamente, a aniquilar esa habilidad.
Sin ninguna duda, aprender es la habilidad más importante para vivir y sobrevivir en la sociedad del conocimiento. Respiramos conocimiento y por esa razón, aprender se va a convertir en el gran negocio del futuro (si no lo es ya a estas alturas). Nuestra vida profesional y personal y, en definitiva, nuestro porvenir depende de cuanto seamos capaces de aprender y cómo lo hagamos. Aprender es un seguro de vida.
Si analizamos cómo estamos abordando ese proceso tan decisivo como es el de Aprender, llegaremos a una conclusión aterradora: Creemos que para aprender hay que hacer cursos. Y sabemos que el ritual de un curso consiste en decidir qué datos y conceptos queremos transmitir, reunir a un grupo de gente y colocarle delante a alguien que supuestamente sabe más que ellos -profesor- a transmitirles esa información de manera más o menos feliz y preguntarles al final si tienen dudas. Los alumnos toman apuntes y luego hacen un examen donde tratamos de verificar si recuerdan lo que escucharon y finalmente les damos un título (que es el objetivo por el que los alumnos están haciendo el curso en primer lugar). Este proceso ha permanecido inalterado durante SIGLOS, desde antes incluso de los Egipcios. Es como si hoy en día, todavía comiésemos, bebiésemos o durmiésemos igual que en el paleolítico. Como le escuché en cierta ocasión a un amigo "Si dejásemos en manos de las escuelas enseñarnos a caminar, todavía estaríamos gateando". En otra columna explicaré cuál es la relación que existe entre la educación tal y como la conocemos y 2 factores de un peso muy gravitante: la guerra (hoy los Ejércitos modernos se empiezan a hacer profesionales) y la religión (la Iglesia Católica sufre una fuerte crisis de vocaciones).
Desde luego, esta forma de aprender no tiene nada que ver con la forma en que aprendemos las personas naturalmente y que desde que somos bebés nos ayuda a sobrevivir y entender el mundo. Resulta difícil explicar que no hayamos desterrado un modelo ineficiente y arcaico que impone la lógica del "Yo sé, Tú no sabes, Yo te cuento" institucionalizado por el colegio y la universidad pero sorprendentemente adoptado por empresas e instituciones, sabiendo además que la mayor parte de las habilidades y competencias que necesitamos para operar en el mundo no las adquirimos entre las paredes de un edificio. Se pueden aprender algunas cosas haciendo cursos, asistiendo a seminarios y leyendo libros pero lo que verdaderamente cuenta para desenvolverse en el trabajo, lo importante para la vida no se puede aprender en un aula, hay que experimentarlo, se aprende haciéndolo.
El gran objetivo de la educación debiese ser enseñar a PENSAR por uno mismo y no a acumular información que se olvida con el tiempo y que cuando se recuerda, no se sabe bien cómo aplicar. No merece la pena tratar de competir en ese ámbito con los computadores. El principal problema de nuestro tiempo es que las personas no están acostumbradas a pensar, la educación formal las vuelve perezosas y les cuesta mucho reflexionar, entre otras cosas porque no saben hacerlo. La reflexión profunda lleva al aprendizaje profundo mientras que memorizar es la póliza de seguros contra el pensamiento.
Aprender desde luego es un arte y no una ciencia. Se puede aprender pero no se puede enseñar. Tratar de medir el aprendizaje es como intentar medir el amor: sabemos que ocurre pero no sabemos bien cómo. Una nota no dice más de una persona que su número de pasaporte. ¿Importa realmente cuanto sé de e-learning? ¿O lo que importa es lo que hago con lo que sé: proyectos, clases, papers, investigación, innovación, etc.?. El conocimiento lo determinan los resultados…
Aprender es una cuestión de pasión, de amor propio, de autoestima. Pero aprender cuesta trabajo y esfuerzo. Aprender es una responsabilidad de la persona, es tu vida la que está en juego, tu empleabilidad, desarrollo, felicidad. Sin embargo, cuando miramos a nuestro alrededor ¿A cuánta gente le gusta de verdad lo que hace? ¿Cuánta gente está feliz con su profesión, con su vida? Si no te gusta tu trabajo, ¿Por qué vas a querer aprender? No es una cuestión de que no exista pasión, lo que ocurre es que ponemos pasión en aquello que nos interesa, en aquello que sentimos como nuestro. Iñigo tiene pasión por los camiones, las construcciones y los obreros, sería estúpido que para enseñarle a contar o a leer, yo lo ignorase e hiciese caso omiso de ese interés y le sentase en una silla a enseñarle frente un libro o una pizarra. Se trata de aprender por convicción en lugar de por obligación ¿Cómo vas a aprender si no sabes cómo hacerlo, si nunca te enseñaron y más encima no te gusta lo que haces? ¿Los niños tienen ilusión por el colegio, por las asignaturas que deben estudiar? Cuesta mucho aprenderlas pero muy poco olvidarlas. Yo reconozco que soy un privilegiado, me gusta demasiado lo que hago, tengo un enorme hambre por aprender y pongo gran parte de mi energía en ello.
Si aprender es decisivo, si el aprendizaje va a ocurrir a lo largo de la vida, si de verdad nos importa el futuro de nuestros hijos, más vale que le prestemos especial atención a ese proceso porque tenemos graves deficiencias que corregir. Cómo aprendemos es determinante y, por si fuera poco, va a ser imposible aprender sin el apoyo de la tecnología. Hasta ahora la formación virtual ha tratado de parecerse lo máximo posible a la formación presencial pero, a corto plazo, la tecnología está destinada recuperar la forma en la que siempre hemos aprendido las personas: haciendo. Y todo ello por una simple razón: nos permite hacer cosas que el aula presencial no es capaz de ofrecer.
La gran pregunta es ¿Serán tus hijos más inteligentes que tú?
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6 Comentarios

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Imagen de Florángel

Gracias por estas líneas.

Gracias por estas líneas. Muchas veces caemos en cosas interesantes navegando en la red, pero en ocasiones nos topamos con palabras dichas en la justa medida de lo que buscamos.

Un placer haberle leído.

FQ

Imagen de J0ANNY ALBERT0 AFANAD0R VIL0RIA

Y0 he soñado mucho con que

Y0 he soñado mucho con que cada vez que avanzan los computadores, esto vuelven más inteligentes a los usuarios y a toda la raza humana y la aparta del animal en la cadena de la evolución y lo va situando poco a poco a ser un super cerebro gigantesco con un cuerpo pequeño como va a ser el hombre dentro de millones de años. y estos avances pasan cada año.

Imagen de Gregorio Campos Huichán

Es importante considerar qu

Es importante considerar qu existen diferentes tipos de inteligencia, no sé a cula se refieran los que hacen los comentarios.

Es importante saber también que la inteligencia lógico-matemática es fundamental para el desarrollo moral de las personas.

Imagen de Frank Hilzerman

es verdad,

es verdad,

la inteligencia es una capacidad mental - no tiene nada que ver con capacidad para poder ser feliz o no, para poder llevarse bien con la gente o con ser bueno o malo.

en la Historia y en la vida real podemos conocer gente muy inteligente que son antisociales, infelices y definitivamente malos.

hay una teoría de estos últimos años bastante interesante acerca de cómo habría sido justamente un cambio climático extremo el que disparó la inteligencia en nosotros, los humanos, hace unos 3 millones de años atrás.

me parece que la definición actual de inteligencia es algo así como, "la capacidad para descubrir o ver una relación funcional entre dos o más fenómenos aparentemente no relacionados".

Imagen de Javier Villalobos

Concuerdo con la definición

Concuerdo con la definición que introduce Francisco y comparto las reflexiones de Javier Martinez. Aporto con decir que creo que somos víctimas de nuestra historia. Así como aprendemos a caminar, aprendemos a enfrentar problemas, y a motivarnos por vivir. No creo que la vida por sí sola exista a no ser que su contraparte, la muerte, nos esté constantemente indicando que para sobrevivir debemos comenzar a aprender muchas cosas, pues no nacemos con demasiadas herramientas innatas, no nos paramos y caminamos de forma inmediata por si vienen leones a comernos, o no nos lanzamos de lleno por la arena hacia el mar sin saber si sabemos o no nadar. Pero a medida que vamos viviendo, vamos adoptando conductas y lenguajes de comunicación que nos van insertando en un sistema social que ya tiene una estructura, estructura que cuestiono, porque precisamente muchos no están felices. Se pierde la motivación por el vivir, ya no aprendes para sobrevivir, te basta con levantarte e ir a trabajar, con la esperanza de que tus hijos tengan un buen pasar y un futuro mejor que el tuyo, pero al final sólo le limpias el camino para hagan lo mismo, trabajar y comer para que sus hijos sobrevivan. ¿Soy más inteligente que mis padres?, creo que no es comparable. No sé que hubiese hecho en los momentos en que ellos tuvieron que decidir. No sé que hubiese hecho si mi esposa (mi madre), embarazada, siente que dará a luz al hijo (yo) en pleno viaje a las 5 de la mañana en un día con toque de queda. No sé cómo hubiese enfrentado mi diario vivir sabiendo que, por mi trabajo, un día podría no llegar a casa (mina subterranea) y tal vez, el hecho de pensarlo, de ver a mi esposa (mi madre) sola con tres hijos y sin una profesión aparente me hubiese hecho reflexionar que debería buscarme otra pega, pero si no sé hacer otra cosa... Y si yo fuera mi madre, con esa fortaleza y responsabilidad por los hijos, no sabría si me ehcaría a morir, si mi esposo (padre) un día no llega más, porque con la peluquería tal vez no me daría lo suficiente para tres, y que si bien, para las matemáticas soy una bala, no sé ni me motiva hacer un taller de artes manuales y exportar mis trabajos. Pero sin duda que, me limpiaron el camino para mis primeros años de estudio, y supongo que genéticamente heredé ese ímpetu de creerme el cuento que me ayudó a adaptarme con facilidad en distintas ciudades donde estudié, donde compartí diferentes realidades, y donde poco a poco me di cuenta de que mi vida gira en torno a la muerte, no en el sentido de que me preocupa morir o busque hacerlo, sino que la necesidad de morir satisfecho por haber ayudado a otros, mi visión egoísta de la felicidad, y en base a eso, me hago un constante autoaprendizaje de mi mismo y mi receptividad a nuevas realidades, incrementando la capacidad de generar ideas, mezclándola con un humor chispeante, con el objetivo de entender a las personas, saber de su aprendizaje y, finalmente, darme cuenta de que todos tenemos el potencial del aprender que indica Javier. Y que si hemos aprendido las labores, ser padres y hemos sobrevivido hasta ahora, podemos retomar el riesgo de aprender a ser felices, cada uno, de acuerdo a nuestra propia historia individual y en vez de proteger a nuestros hijos, encerrándolos en una burbuja, motivarlos a vivir entre las tristezas y alegrías, a que su futuro depende de sus decisiones y no de tener un título universitario.

Imagen de Francisco Hilzerman

Muy buen tema, Javier,

Muy buen tema, Javier,

creo que como la inteligencia se define en la relación del individuo con el ambiente, hay varios tipos diferentes de inteligencia.

los que estudian estas cosas han definido, al menos, seis o siete tipos diferentes de inteligencia - entre los cuales, incluso, está lo que llamamos "intuición", que sería una especie de suma inconsciente de factores que te entrega un resultado y te dice cómo actuar ante una disyuntiva.

el IQ es sólo uno de los parámetros para medir inteligencia, inaplicable muchas veces.

no me alargo - parece ser super importante una buena cantidad de estímulos desde inmediatamente después del nacimiento, la música y el ejemplo vivo para un pleno desarrollo de la inteligencia de un niño.

gracias.

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