Su espera y su Hara-kiri: todas somos Madama Butterfly
El ballet Madama Butterfly viene a la cuarta región. Hazte el tiempo porque de verdad vale la pena (y es gratis!). Aquí el relato de un testigo ocular.
La historia de Madama Butterfly es para dejar con la boca seca a cualquiera, y la versión que el Teatro Municipal esta semana saca de Santiago para traerlo a la IV región está de pelos. Esta historia habla de heroísmo, de riesgo y de fe ciega, así como de los estragos que puede dejar un amor tibio. Lo simpático de Madama Butterfly, pienso, es que además de ser un personaje clásico tiene una veta que es mundana, común, una veta con la que cualquier adolescente se puede identificar. Todas somos Madama Butterfly.
Cio-Cio San, o Madama Butterfly, es una quinceañera japonesa a quien casan con Pinkerton, un oficial de la armada estadounidense. Estamos a finales del siglo XIX, y Cio-Cio San, como buena japonesa de entonces, se enamora perdidamente de él apenas lo ve. Para el marino, sin embargo, este matrimonio es una linda historia que va a quedar guardada en Japón, una especia de “amor de verano”: él sabe que al volver a Estados Unidos conseguirá “una verdadera esposa”.
Los novios - Natalia Berríos como Madama Butterfly y Gabriel Bucher como Pinkerton*- celebran su matrimonio con un precioso Pas de Deux que además muestra muy bien cómo la entrega de ella es total, mientras que él “está sin estar”, amando con fecha de vencimiento. La pareja consuma su matrimonio y, al día siguiente, Pinkerton deja la isla y regresa a USA. Cio-Cio San lo ve alejarse, convencida de que él volverá.
Para el marino, sin embargo, este matrimonio es una linda historia que va a quedar guardada en Japón, una especie de “amor de verano”: él sabe que al volver a Estados Unidos conseguirá “una verdadera esposa”.
Esta parte del enamoramiento, boda y abandono, constituye el primer acto del ballet. La puesta en escena es genial: funde con naturalidad lo occidental del ballet con los elementos japoneses de la historia. Lo notable es que lo clásico europeo no “se come” a lo japonés en absoluto, ocurre en cambio una fusión exitosa. Las bailarinas combinan el trabajo en puntas con kimonos y abanicos de flor de loto, mientras que los gestos japoneses de Cio-Cio San sacaron varias exclamaciones al público. Todos nos entreteníamos con estos elementos. Es refrescante un ballet que salga de las princesas, brujas y bosques, que te lleve a otros lugares y colores, poniendo los elementos japoneses en el centro de la estética sin caer en lo anecdótico.
La música tiene mucho que decir respecto a este éxito en la fusión. Originalmente, Madama Butterfly es una ópera de Puccini y por eso es que muchas adaptaciones al ballet conservan la ópera de fondo. Son una ópera sobre la que se baila ballet, dicho en chileno. Jaime Pinto, el coreógrafo a cargo de la versión del Municipal de Santiago, rechazó eso y coreografió sobre una música sin voces, y con eso marcó un gol: la supresión de la ópera permitió que los sonidos más asiáticos de la música se destaquen y fusionen toda la puesta en escena. Desde mi humilde sillón, pienso que agregar voces de ópera durante toda la danza inevitablemente hubiese traído una cuota occidental muy fuerte al escenario, rompiendo los equilibrios. La ausencia de la ópera evitó que la diversidad de la puesta en escena se diluyera. Este es un plato en el que cada cucharada te regala muchos sabores diferentes, y no hay un aliño fuerte que se imponga sobre los demás.
La eterna espera, un despojo y un harakiri
El segundo acto es, básicamente, la espera de Madama Butterfly por su amor, y el final trágico. Cio-Cio San rechaza adinerados pretendientes, mientras su casa se empobrece (en la época, una mujer sola es una mujer pobre), porque está convencida de que Pinkerton regresará. Al abrirse este acto, todos nos enteramos de que Madama Butterfly tuvo un hijo de su breve matrimonio. También conocemos mejor su ceguera: cuando le sugieren la posibilidad de que Pinkerton no regrese nunca, Madama Butterfly argumenta que en cuanto él sepa que tiene un hijo, volverá corriendo.
Me recuerda a varias.
Algunos críticos sugieren que esta abnegada espera del personaje, quien contra todo pronóstico razonable sigue siendo fiel y espera firme a que Pinkerton regrese, es una suerte de versión femenina del heroísmo en donde femenino se iguala a pasivo. Madama Butterfly sería una héroe pasiva: héroe porque se mantiene estoica ante un futuro incierto y desfavorable, y pasiva porque no la vemos actuar para revertir este futuro negro. No estoy segura de qué diría el feminismo sobre esto, pero sí creo que el comentario nos ayuda a comprender mejor a Cio-Cio San como personaje.
Cuando le sugieren la posibilidad de que Pinkerton no regrese nunca, Madama Butterfly argumenta que en cuanto él sepa que tiene un hijo, volverá corriendo.
Pinkerton efectivamente regresa a Japón, pero tras él viene Kate. Kate, the b*tch. Vestida súper chic, guantes incluidos, Kate es la esposa americana que Pinkerton se había prometido a sí mismo y que se cumplió. Kate se encuentra cara a cara con Cio-Cio San e intenta llevarse al hijo que Pinkerton tuvo con nuestra protagonista, espantando al público. Para entender este pasaje, aplique todo lo que usted sepa sobre racismo en el siglo XIX: un ciudadano blanco americano no podría repartir por cualquier parte la pureza de su sangre. Este hijo que Pinkerton tuvo en Japón, aunque sea un hijo "bastardo", lleva su nobleza y por tanto debe ser recuperado. Influye también que se trate de un niño pequeño al que se le pueden borrar los hábitos japoneses fácilmente.
Bajo esta lógica, a Kate le corresponde criar a ese niño, y la verdad es que ella tampoco tiene mucho que opinar al respecto. Madama Butterfly se defiende del despojo de su hijo a toda costa, hasta que ve a Pinkerton de la mano con Kate. Entonces cae en cuenta del panorama general y comprende que lo ha perdido todo.
Madama Butterfly sufre, la música se dramatiza y entonces tú sabrás que se acerca el final trágico. Entra al escenario una cantante de ópera, que es realmente la cuota exacta de dramatismo que la escena demanda. La cantante se sienta en el piso a un par de metros de Cio-Cio San, sin entrar a la trama pero sí acompañando a nuestra heroína desde el desgarro de la música. Madama Butterfly saca de un cofre un cuchillo. Es el cuchillo con el que su padre se había hecho un harakiri, y Cio-Cio San lo desenvuelve con una negra intención. Justo entonces, Suzuki, una doncella de la casa, deja entrar al hijo de Madama Butterfly a la habitación, para así detenerla. Cio-Cio San abraza a su hijo con fuerza y luego lo manda a jugar. Aparece Kate, quien definitivamente se lleva al hijo de Madama Butterfly para ser criado “a la americana”.
Absolutamente desgarrada y con la ópera sonando fuerte, Madama Butterfly vuelve a su cuchillo y se suicida con un solo movimiento perfecto. El silencio de la sala es un homenaje al estoicismo de la japonesa y de tantas más.
*Los intérpretes
Bailan Andreza Randisek y Natalia Berríos como Madama Butterfly, y Rodrigo Guzmán y Gabriel Bucher como Pinkerton.
Las Funciones
Los Vilos - 25 de enero, Calle Caupolicán - 21:00 Hrs; Illapel - 26 de enero, Gimnasio Municipal - 21:00 Hrs, Coquimbo - 28 de enero, Barrio Inglés - 21:00 Hrs, La Serena - 29 de enero, Coliseo Municipal 21:00 Hrs
Funciones gratis: el retiro de entradas será en las oficinas de Minera los Pelambres en regiones y en las Municipalidades de cada ciudad. Auspicia Minera Los Pelambres.



