Cierre económico de 2012: Indicadores, análisis y perspectivas

En el sector externo, lo que va acumulado en el año es una caída del valor de las exportaciones del cobre en un 6%, y la cara opuesta es lo que está pasando con las importaciones: un crecimiento de más de 7%.

Imagen de Hernán Frigolett
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01 de Enero, 2013 12:01

El último  imacec del 6,7  fue bastante sorpresivo, con una situación muy puntual de la industria manufacturera y del comercio, pero no cabe duda que el año va a estar en torno al 5,5 lo que le ha causado más de un problema al Ministro de Hacienda con sus señales exitistas,  que indica que pasamos sobre este problema que aqueja a la economía global.

Por el lado externo,  a principios de año nadie se esperaba que íbamos a tener un déficit de la cuenta corriente de casi el 4% del PIB, y el saldo comercial prácticamente se desvaneció, el año pasado teníamos 11 mil millones de superávit comercial, hoy con suerte vamos a terminar en 2 mil millones o 2,500 millones, por un crecimiento de las importaciones y unas exportaciones que en términos de valor prácticamente no suben; el precio del cobre el año pasado estaba sobre los 4 dólares y este año ha estado fluctuando entre los 3,20 y 3,50 dólares

El otro elemento alarmante tiene que ver con creación de empleo, con una economía que está creciendo al 5,5% éste es el peor año en términos de creación de empleo, y lo que estamos proyectando es que a final de año estemos en torno a los 120 mil empleos, contrastando con los casi 200.000 que se crearon el año pasado.

Lo fundamental es que tenemos un gasto privado que ha marcado la actividad del año, la situación acumulada del imacec que va en un crecimiento promedio en torno al 5,7 y un crecimiento de tendencia que sigue pegado al 5%; el ahorro público con una recaudación más fuerte de la que se esperaba que tiene que ver con el ajuste tributario, y la subejecución de la inversión: esperábamos  gastar 5,5 millones de millones,  y estamos con 3,5. El ahorro público está compensando el exceso de gasto privado 

La producción de bienes, que es donde está el grueso de nuestras exportaciones, está bastante estancado,  muy por debajo de lo que es promedio de la economía.

La edificación ha crecido fuerte pero estamos entrando a un ciclo de desaceleración marcada, donde pareciera que el ciclo expansivo de la construcción de viviendas llegó a su fin, lo que se va a reflejar con fuerza en el primer semestre del 2013.

Quien ha liderado el crecimiento es el comercio, con un 8,2% de crecimiento acumulado, y supermercados con un 6,5%, lo que nos está diciendo que todo el consumo no alimenticio es lo que ha estado dinamizando el sector.

Sector externo: lo que va a cumulado hasta el mes de octubre es una caída del valor de las exportaciones del cobre del 6% y las no cobre de un 2%, y la cara opuesta es lo que está pasando con las importaciones, un crecimiento de más de 7%.  Esta es la tendencia que ha hecho que el superávit comercial del año pasado, de casi 11 mil millones, haya descendido este año a cerca de 3 mil millones. Y es lo que está explicando el deterioro de la cuenta corriente

El gobierno ha revisado su definición de meta fiscal, reinstaurando el balance fiscal cuando previamente se esperaba hacerlo para el presupuesto de 2014 manteniendo para el 2013 un gasto con claras opciones expansivas que brindaba una meta fiscal de déficit estructural de 1% del PIB. El ajuste tributario finalmente consagraba un importante aumento de recursos para 2013 derivado de anular la reducción al 18,5% de la tasa del impuesto de primera categoría que ha sido reemplazada por mantener la tasa en 20%, alza que se combinó con una disminución del impuesto a las personas pero que entregaba un flujo de caja muy fortalecido para el año próximo. El proyecto de presupuesto ha sido más bien conservador, e incluso dentro del oficialismo se acusa de no aplicar consecuencia en el gasto de educación, cuando se apoyó legislativamente la aprobación del proyecto del Ejecutivo.

Balance del año / temas

 Casen:

Los cambios metodológicos en la encuesta Casen,  a la luz de la discusión y antecedentes que emergieron en la prensa, fueron administrados con el único fin de lograr mostrar un resultado estadístico que permitiera concluir que se había logrado reducir la población bajo la línea de pobreza. Con todo, la reducción es bastante menor, y tampoco se logró concluir que tal resultado fuera estadísticamente significativo dado que los errores de estimación se incrementaron. Tal vez lo más complicado fue el compromiso de la calidad del producto, y la decisión de la CEPAL de desligarse de su participación futura en los delicados procesos de imputación y aplicación de protocolos de buenas prácticas internacionales que en todo este tipo de estudios se debe implementar. La CEPAL proporcionaba la garantía de rigurosidad en los procedimientos y de neutralidad de intereses con respecto a los resultados derivados de la encuesta, evitando así la problemática de credibilidad para un instrumento de retroalimentación y evaluación de la política social.

Con la Casen 2011, se completa un ciclo de 25 años de medición de la realidad socioeconómica de la población, y del impacto del gasto social en los indicadores de pobreza, así como el monitoreo de las condiciones de desigualdad imperantes. Al margen del resultado puntual obtenido en la última encuesta, lo más concreto es que desde 2006 no se ha logrado seguir avanzando en disminuir la proporción de hogares bajo la línea de pobreza, y sólo se han conseguido resultados positivos en la reducción de la extrema pobreza. Se evidencia un relativo agotamiento de la efectividad de la focalización, y ya no es un problema de eficiencia, sino que más bien de características estructurales más profundas que impiden que los hogares mejoren sus condiciones con el paquete de beneficios que se entregan. Otro elemento que se desprende además de los últimos resultados es que un mayor número de hogares están en el entorno de la línea de pobreza, y cuando se reflexiona acerca del método de obtención del punto de corte se relativizan los avances logrados en los últimos diez años.  Si se aplica el conjunto de indicadores habitual de la OCDE, los hogares en situación de pobreza representarían algo más del 20%.

En términos de desigualdad, en los 25 años los avances no son significativos. El resultado no sorprende porque el objetivo de política pública fue principalmente el de aplicar políticas focalizadas para disminuir los hogares en condición de pobreza. No se han aplicado herramientas que tengan por objetivo la mejora de la distribución del ingreso: la estructura tributaria es regresiva, los sistemas de regulación laboral son débiles, las compensaciones del sistema público son bajas y la capitalización privada del sistema de pensiones es baja condicionando a la gran mayoría de los trabajadores a ingresos al momento del retiro muy inferiores a las compensaciones obtenidas durante su ciclo productivo.

Los indicadores de desigualdad no presentan variaciones significativas durante los 25 años de análisis: el ingreso autónomo promedio del 10% más rico es más de 30 veces el del 10% de menores ingresos, y luego de la aplicación de la política pública se mantiene una relación de 25 a 1. Si consideramos el impacto de la recesión de 2009, la relación de los ingresos autónomos se incrementó brutalmente a más de 40 a 1, y el 2011 se redujo a 35 a 1 que sigue por sobre el promedio histórico. El desempleo generó un alza desmedida de la brecha que no se recupera con la creación de empleos de los años siguientes a la recesión, confirmando en alguna medida que se trata de puestos de trabajo de inferior calidad y por ende con compensaciones más bajas.

La relación del ingreso autónomo del 20% más rico al del 20% de menores ingresos se mantiene muy estable en torno a 13 a 1, que se reduce a 11 a 1 luego de recibidas las transferencias monetarias. La relación se mantiene muy estable en el tiempo.

Finalmente, los ingresos del 10% más rico equivalen a 3 veces los ingresos percibidos por el 40% de menores ingresos. Esta relación no presenta gran diferencia si se considera indistintamente el ingreso autónomo o el ingreso monetario ajustado con la política pública. Esta relación ha oscilado históricamente entre 3,2 y 2,7. El coeficiente de Gini oscila entre 0,58 y 0,54 para los ingresos autónomos, y entre 0,58 y 0,52 para los ingresos monetarios.

La Polar, Enersis y los Family Office comprometen la credibilidad del sistema financiero local

2012 será recordado como el año negro del mercado de capitales chileno. El escándalo del Mega Engaño financiero del siglo de la multitienda La Polar será recordado por largo tiempo y registrado en los textos universitarios por la magnitud de la alteración de los estados financieros y por la amplitud de los agentes económicos afectados. La manipulación sistemática de los registros contables, la complicidad de las firmas auditoras, y la total incapacidad de las clasificadoras de riesgo y de las autoridades reguladoras para detectar los problemas están en el centro del problema. Los impactos aún no están del todo determinados, porque involucran a cientos de pequeños accionistas, ahorrantes de fondos mutuos y por supuesto a los fondos de pensiones, y más temprano que tarde cada uno de ellos tendrá que asumir una pérdida patrimonial significativa. Más impresionante aún es la intención de que el Estado les reintegre los impuestos en exceso pagados por la alteración de la utilidad contable y tributaria en los años pasados, y seguramente tendrán éxito porque el sistema del FUT es el mecanismo que lo permite. En efecto, la empresa alegará que al ajustarse la utilidad de los años pasados el impuesto de 1ª categoría deberá corregirse retroactivamente, y el Fisco reintegrará el impuesto pagado en exceso recuperando la empresa liquidez financiera. Sin embargo, el Fisco podría también solicitar a los accionistas pagar la diferencia de crédito en exceso presentado al momento de realizar la declaración de global complementario, golpeando aún más las finanzas de pequeños y medianos accionistas.

El caso de Enersis también ha generado desconfianza, y nuevamente han sido los inversionistas institucionales las víctimas violentadas financieramente. En efecto, los Fondos de Pensiones tienen en su poder una participación accionaria a través de la cual perciben dividendos y además obtienen las ganancias patrimoniales derivadas del incremento del valor de la empresa. Cuando se propone un aumento de capital, y que una de las partes lo hará aportando activos, y obligando a los restantes a hacerlo con recursos frescos no sería un gran problema, pero si los activos se sobrevaloran entonces de forma velada se genera una pérdida patrimonial para los Fondos de Pensiones. Han quedado a la vista los conflictos de intereses ya que la ética de la bolsa de valores queda comprometida cuando personeros están además en el directorio de la empresa que realiza esta propuesta “peligrosa”. Los pequeños inversionistas van perdiendo credibilidad porque operaciones como estas los dejan en la indefensión total.

En la prensa especializada se presentan crónicas que resaltan el rápido desarrollo de los “Family Office”, instituciones que se especializan en la administración de riquezas familiares. Las proyecciones plantean que muy pronto estas instituciones concentrarán algo más de 25% de los títulos del mercado local, incrementando fuertemente el riesgo sistémico asociado a prácticas colusivas con el fin de alterar precios de mercado, dejando muy expuestos a los pequeños accionistas. Estas condiciones generalmente pasan desapercibidas para los ahorrantes que confían en los auxiliares financieros que recomiendan determinados portafolios de inversión, con lo cual se generan cada vez mayores asimetrías de información que perjudican potencialmente a los pequeños inversionistas.

Estas crisis de confianza no causan grandes problemas en el mercado bursátil chileno, porque los inversionistas institucionales seguirán transando porque al final del día todos los problemas se diluyen en los Fondos de Pensiones, y sus efectos sólo se verán a 15 a 20 años plazo.

Censo de Población: Chile se envejece y recrudece el problema de pensiones

El censo de población ha venido a sellar el proceso de actualización del marco estadístico central para la toma de decisiones. Se renovó la referencia y metodología de cálculo del PIB con resultado positivo que incrementa la tasa de crecimiento, por un lado, y la nueva encuesta de empleo cuyo resultado también es positivo en términos de mayor creación de empleo, y finalmente el censo de población que ha fijado el números de personas muy por debajo de las proyecciones de población. En términos de indicadores, el PIB per cápita aumentará dejando al país más cerca del simplificado umbral del desarrollo, pero lamentablemente los chilenos seguirán con el mismo bajo nivel de remuneraciones y las cada vez mayores presiones de endeudamiento.

La población ha entrado en un proceso de envejecimiento más acelerado porque la tasa de crecimiento vegetativo ha disminuido a un promedio de 0,9% anual. La principal causa sería una fuerte reducción de la tasa de natalidad que nos sitúa como el país que sufrirá el mayor envejecimiento en América Latina.

La distribución del ingreso también se verá afectada en la medida que una mayor proporción de la población dependerá de los flujos de renta que provengan de sus Fondos de Pensiones provocando una fuerte caída de los ingresos disponibles de un segmento que será más gravitante en la población total. Sólo hoy después de 30 años de aplicación se percibe que la tasa de capitalización de 10% del ingreso es insuficiente para garantizar pensiones que no disminuyan seriamente el ingreso disponible de varios hogares.

El problema del sistema de pensiones no se centra en la baja tasa de capitalización, sino que las últimas crisis han reducido notablemente la rentabilidad anual promedio que quedaría por debajo el esperado 5% anual utilizado en los cálculos actuariales para proyectar las pensiones. En el caso de los funcionarios del Estado, sus Bonos de Reconocimiento se capitalizan incluso a una tasa promedio de 4% con importantes efectos en el valor esperado de las pensiones. Otra fuente de disminución en el valor esperado es la baja densidad promedio que están registrando los trabajadores chilenos, lo cual ocasiona importantes mermas patrimoniales a los valores capitalizados futuros. No se ha avanzado en incorporar al sistema un seguro colectivo que permita compensar los períodos de lagunas de cotizaciones que provengan de ciclos de cesantía o desempleo.

Los países de la OCDE tienen sistemas de pensiones que garantizan ingresos a sus pasivos que no se desploman en relación a los flujos de renta mientras estaban en actividad, y sin duda que es un componente que explica la obtención de coeficientes de GINI que representan distribuciones más equitativas de la renta. Adicionalmente, la carga previsional no recae en las rentas de los trabajadores únicamente sino que es compartida por las rentas del capital.

La crisis financiera mundial ha puesto en la mira nuevamente al sistema de pensiones chileno que ha sufrido fuertes pérdidas patrimoniales en los Fondos de Pensiones, con impactos que difícilmente podrán ser mitigados por aquellos que se encuentran en un horizonte de cinco años para acogerse a jubilación. Seguramente los planes de retiro deberán ser analizados con detención, generando mayor presión en un mercado laboral que se mueve a tasas decrecientes de aumento de la ocupación.

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