Señor Presidente, nos falta una medida: El Proyecto País

¡Ya basta de beneficiarios y clientes! El país necesita ciudadanos. Un proyecto cuyo pilar sea el Bien Común.

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28 de Octubre, 2019 13:10
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Es posible interpretar muchos de los grandes dolores del "Chile Despertó". De aquí, imaginamos, emanarán medidas que -en estos días y en las próximas semanas- veremos anunciar en cadena nacional para hacer frente a la crisis social que irrumpió en nuestro país.

La calle exclama y consigna acciones precisas. Implora equidad, justicia y con furia repite: ¡no más abusos! Pero al mismo tiempo susurra otra idea: "Queremos una épica para vivir este proyecto llamado Chile, dice, queremos un proyecto país".

El Proyecto País que había —si es que lo había de verdad— no parece hacer sentido en la gran mayoría de los chilenos. Seamos personas, familias, empresas, ONG, ciudades o países, necesitamos construirnos un relato lírico que configure nuestros anhelos y que sea el combustible que nos de energía para vivir el camino de la vida con la mayor convicción y alegría posible.

Una idea difusa de Proyecto País

A riesgo de ser simplistas, la épica nacional ha sido una conjunción de características:

  • Somos un país corajudo, solidario, esforzado y aventajado. 
  • Somos ese pueblo que se levanta tras cada revés que la naturaleza nos entrega veleidosamente
  • Somos ese país que, frente a dolor de algunos, en 48 horas de amor junta cuanto sea necesario para llegar a la meta
  • Somos personas que trabajan incansables para proveer a nuestros hijos e hijas y que vivan un porvenir más promisorio que el de sus padres. 

Por años, señor Presidente, hemos sido, como lo dijo usted mismo, el oasis del barrio: hemos sido el mejor alumno ese que se saca buenas notas y que pronto alcanzará el gran trono: El Desarrollo

El gran trono: El Desarrollo

Esa idea, el desarrollo, es fantástica, casi indescriptible… Nos imaginamos:

  • Niños de escuelas públicas con 3 idiomas de expresión nativa;
  • Un sistema un transporte público impecable y a costo casi cero, con bicicletas por doquier y autos eléctricos;
  • Una salud de excepcional nivel y fármacos de precios OCDE;
  • Salarios al nivel de los ilustres países nórdicos y sindicatos preocupados por mejorar el margen de la empresa;
  • Delincuentes desempleados por falta de oferta que asisten a cursos de innovación y emprendimiento.

El trono mayor es, para seguir con los nórdicos, el auténtico Valhalla.

La maratón donde "el diablo metió la cola"

Esa idea de desarrollo es sublime, señor Presidente. Tanto así, que salimos todos como un vendaval a correr una maratón nacional hermosa y esperanzadora; sin embargo, parece que "el diablo metió la cola", porque ya había por ahí algunos que ya estaban en la meta con un vaso de whisky y 2 hielos. 

Había otros habilosos que tenían contactos con los jueces y llegaron primero por secretaría. Y había otros tantos que partieron con alguna ventaja y empezaron a ocupar los codos, a adelantarse y, en vez de prestar ayuda cuando otros estaban cansados, los miraron de reojo con una leve sonrisa, sacándoles más ventaja todavía.

Todos esos se tentaron con el rendimiento por metro recorrido e inventaron bonos por velocidad, premios por resistencia e incentivos por codazos o cabezazos bien pegados. Y es una pena, porque se nos pusieron avaros.

Y bueno, los muchos, ahí van… trotando... a veces caminando... y otras corriendo con ímpetu cuando la selección obtenía un triunfo glorioso. Pero la meta no se veía ni de lejos. Y, más encima, quienes ya llegaron y quienes llevan ventaja les dijeron: “Se puso más difícil ahora"... y no una, sino 2 y más veces. 

El corolario lo conocemos, señor Presidente: esos muchos se cansaron de correr para no llegar a ninguna parte y se enojaron bien enojados.  

Y he aquí un atrevimiento, pues aquella maratón, ese "camino al desarrollo" es una gran mentira, señor Presidente. Hacer país no es una competencia, la mera idea desdibuja cualquier épica colectiva y más aún la de un país. 

Economía y responsabilidad, más amor y poesía

Tengamos cuidado, el Proyecto País, como cualquier acto fundacional, no se trata solamente de un conjunto de medidas y que los “insolentes numeritos” nos cuadren perfecto. Aunque claro, el orden es clave y la historia nos revela que el populismo embriaga con discursos que quiebran social y económicamente a los países. Pero eso, señor Presidente, lo damos sentado, pues usted y su equipo gozan de la mejor capacidad para aquello. 

Le sonará cursi, quizás, porque presumo que en las escuelas de negocios poco se habla de amor y poesía. Pues bien, desafío a cualquiera: ¿qué acto relevante de su vida no emanó de un acto de amor y poesía? Cualquier proyecto que ilusione y adhiera a millones, requiere una mezcla de estos 2 ingredientes: racionalidad y responsabilidad, más amor y poesía. 

La calle susurra épica

El Proyecto País es la nueva aventura que debemos construir, señor Presidente. Y no solo usted. No solo nuestros líderes políticos ni las instituciones, sino todos, la enorme mayoría que ama Chile.

¡Ya basta de beneficiarios y clientes! El país necesita ciudadanos. Ciudadanos a la altura de lo maravilloso que es este país y lo increíble será después de esta gran lección que estamos viviendo.

La calle susurra épica. Vamos por un Proyecto País cuyo pilar sea el Bien Común y el bienestar del NOSOTROS. Todo para nuestro bello Pueblo, para nuestra amada Patria.

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