Un Brasil profundamente dividido reelige a Dilma Rousseff ¿Comienza el proceso de curación?

01 Noviembre 2014

Con la victoria de Rousseff, el partido de los trabajadores verá extenderse su tiempo en el poder al menos hasta 2018, un mandato que comenzó luego de que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva le dió al partido su primera victoria presidencial en 2002.

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Por Taisa Sganzerla

Los brasileños reeligieron a Dilma Rousseff como presidenta el domingo 26 de octubre de 2014 en las elecciones más competitivas desde el final de la dictadura militar y el comienzo de las elecciones directas en 1989.

La actual presidenta representante del partido de los trabajadores obtuvo el 51 por ciento de los votos válidamente emitidos (excluyendo los votos en blanco y nulos, que representaban el 21 por ciento del total), contra el 48 por ciento del candidato opositor Aécio Neves del partido social demócrata de Brasil.

Con la victoria de Rousseff, el partido de los trabajadores verá extenderse su tiempo en el poder al menos hasta 2018, un mandato que comenzó luego de que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva le dió al partido su primera victoria presidencial en 2002. Ningún otro partido político en la historia reciente de Brasil ha ocupado el cargo más alto del gobierno durante tanto tiempo (en 2018 se cumplirán 16 años).

En su primer discurso luego de conocer los resultados, ella destacó la importancia de unir a la nación luego de una campaña que ha sido considerada extremadamente polarizada, con acusaciones cruzadas entre los dos candidatos así como también entre sus partidarios. Ella afirmó:

Honestamente no creo que estas elecciones hayan dividido el país a la mitad. En mi opinión han movilizado ideas y emociones a veces contradictorias, sin embargo unidas por objetivos comunes: la búsqueda de un futuro mejor para nuestro país. […] Algunas veces en la historia los resultados ajustados han producido cambios más fuertes y rápidos que las victorias amplias. Esa es mi esperanza. O mejor, tengo la certeza que es lo que sucederá a partir de ahora en Brasil.

En su discurso, ella prometió darle prioridad absoluta a la reforma política, un largamente esperado reclamo de la sociedad que, entre otras cosas, prohibiría a los partidos políticos recibir donaciones de empresas para las campañas electorales. Rousseff propuso la reforma luego de las protestas de junio de 2013 como respuesta a las demandas de los manifestantes, pero encontró gran resistencia en los círculos políticos e intelectuales. Para implementar reformas amplias, debe convocarse una asamblea constituyente, pero según algunos especialistas la asamblea constituyente tiene la potestad legal de definir su propia agenda, lo que dejaría espacio para cambios no deseados en la legislación.

La presidenta también se refirió a la lucha contra la corrupción y a la necesidad de controlar la creciente inflación – ambos temas por los que su gobierno ha sido duramente criticado durante los dos últimos años. Unos días antes de las elecciones ella fue acusada de tener conocimiento de hechos de corrupción en los que estaría involucrada la empresa Petrobras que presuntamente benefició a políticos aliados. El escándalo fue publicado en la tapa de la revista de derecha con mayor circulación de Brasil, Veja. Rousseff ha negado las acusaciones y ha manifestado que va a presentar una demanda contra la revista.

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