Columna: LAN 301, Volar con miedo

Detalles del vuelo LAN 301 (La Serena-Santiago), por Andrés Zamora, uno de los pasajeros.

Imagen de Corresponsales El Observatodo
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01 de Mayo, 2015 08:05

El día 15 de abril del 2015 era una fecha especial en el calendario personal; sin embargo el vuelo LAN 301 se encargó de ampliarlo a otras personas y dejar un recuerdo permanente en el historial de viaje de todos los pasajeros.

Camila Cisternas, uno de los clientes a bordo, asegura que “fue el peor viaje de mi vida”. El destino final eran las Torres del Paine, uno de los puntos geográficos más atractivos de Chile, donde se concentran las mejores rutas de trakking del mundo según la prensa especializada. Ir a “las torres” representa un desafío físico, económico y social para muchos chilenos…además nos estábamos yendo a cerrar la temporada del parque, que entre mayo y septiembre permanece cerrado debido a la acumulación de nieve. Para nosotros representaba una gran aventura. Imagínate, al visitar uno de los destinos más atractivos del país cuando comienza la época de mayor frío (si te olvidas de los súper deportistas y te asumes como un ciudadano promedio) te ves frente a un desafío que no muchos son capaces de asumir. Las expectativas del viaje se iban transformando en una bola de nieve que incorporaba nuevas aristas en cada momento, ahora se trataba de alimentar el Yo y el Superyó. Los preparativos estuvieron a la altura del asunto.

Era el tercer miércoles de abril y las vacaciones comenzaban como muchas otras un poco atrasados, algo agitados y con muchos desafíos. Rumbo al aeropuerto se hicieron los clásicos chistes para asustar a los compañeros “ojalá todo salga bien…espero no se caiga el avión…sabias que los despegues y aterrizajes son las maniobras más peligrosas…entre otros”; un poco en serio y un poco en broma en una instancia que sirve para externalizar de manera tácita los miedos individuales al respecto y, de una manera extremadamente egoísta, saberse acompañado en ese “me gusta, pero me asusta” que provoca cada embarque sobre un avión. Íbamos camino al aeropuerto “La Florida” de La Serena.

De pronto una señora grita “paren el avión, detengan el avión, me quiero bajar”

En la fila hacia el counter una trabajadora de LAN nos dice que estamos atrasados y nos hace pasar por un costado para acelerar el embarque de nuestros equipajes. Luego de algunos minutos estamos algo más tranquilos, al acercarse la hora señalada en nuestros boletos la gente comienza a hacer la fila para subirse al avión, de nuevo todo era normal. Nos sentamos a esperar mientras se suben y hacemos turnos para ir al baño. Veo de reojo a un antiguo compañero de colegio, no estoy seguro y ante la duda prefiero evitar la vergüenza de preguntar. El tiempo pasa y aún no nos dejan subir, se cumple la hora estipulada y ninguna novedad. Hacia la izquierda escucho la conversación entre alguien de la empresa y un pasajero “están revisando el avión y hay algo de retraso”; un poco molesto me acerco a la mujer y pregunto “¿por qué esperan a que nos acerquemos para contarnos lo que ocurre?, ¿Si no nos hubiésemos acercados no nos dicen nada?”

El horario de salida inicial estaba programado para las 12.10 del día. Comenzamos a subir con 30 a 40 de retraso. Camila nos cuenta que en ese momento “sentí algo extraño, era como si alguien o algo me estuviera pidiendo que no subiera al avión”. El acceso delantero de la nave estaba cerrado, todos subían por la puerta trasera, “era algo raro, pero no me llamó la atención…arriba del avión fue distinto, porque todos los asientos delanteros (desde el ala hasta la cabina del piloto) estaban vacíos y con una cinta para evitar que la gente se subiera”.

Aquí la historia comienza a ponerse entretenida. Se escucha el clásico “tripulación de cabina puertas en automático, cross check y reportar”; el avión se mueve hasta la posición deseada, comienza a acelerar, va muy rápido, se siente como levanta la punta, se escucha un sonido extraño, muy extraño, el avión reduce bruscamente la velocidad, baja la punta y hay tensión, mucha tensión y el avión sigue en movimiento sobre la loza. Dos señoras, una en cada corrida del pasillo comienzan a tocar los timbres para llamar a la tripulación de cabina. Yo no entiendo nada, quiero llegar luego a mi destino. De pronto una señora grita “paren el avión, detengan el avión, me quiero bajar”. La situación me incomoda un poco y pienso que le están dando mucho color, cinco segundos después doy gracias a las viejitas, en verdad sentí miedo y no lo supe expresar. Silencio. Suena algo en los parlantes y se escucha una voz que dice algo así como “estimados pasajeros, habla el capitán; acabamos de suspender el proceso de despegue por una inconsistencia en los datos entregados por los registros del vuelo, procederemos a desembarcar los pasajeros y la carga para analizar la situación, les pido disculpas por las molestias y en cuanto tengamos mayor información se la haremos llegar a través del personal de la empresa”.

 “Estimados pasajeros, les vuelvo a reiterar mis disculpas…en estos 15 años como piloto jamás habíamos tenido este problema.."

Durante el descenso y el proceso de desembarque comienza una carrera ascendente de nuevas incertidumbres y distintas versiones sobre lo ocurrido. La información oficial coincide con el speech del capitán: hubo problemas durante el despegue y es necesario revisar los datos para averiguar la causa; mayor información a las 3 de la tarde. Otras dos versiones son recurrentes, la primera dice que hubo problemas con el encuadre de una puerta y la otra que hay complicaciones con la carga.

Nos dieron una tarjeta bicolor que nos identificaba como pasajeros del 301 y un vale para comer en el restorán del aeropuerto valido por un sándwich y una bebida, como éramos dos elegimos Ave Mayo y Barros Jarpa; cada uno tenía un valor promedio de unas ocho lucas, el primero era sencillamente asqueroso. Mientras esto ocurría me acerque a la persona que pensé podría haber sido mi compañero de colegio. Jaime, le digo y luego de algunas dudas ya estábamos conversando y discutiendo las posibilidades. Vamos a conversar con el personal de la empresa y nos dicen que lo más probable es que nos suban al mismo avión. Dudamos un poco. Nos separamos.

Me encuentro con otra persona, la profesora Julia. Al principio dudo, la profe Julia fue mi profe en el “centro escolar” del HCSBA hace unos 15 años. Me acerco, le pregunto y doy en clavo, era ella. Conversamos largo rato y me dice que ha viajado muchas veces dentro y fuera del país y nunca había pasado por algo similar. Conversamos harto rato y me encarga unos saludos para mi hermano Colorín y mi Mamá. Al menos pudimos hacer algo de vida social. Me vuelvo a encontrar al Jaime, consiguió un boleto en el avión de las 4. Trato de hacer lo mismo y ya no quedan cupos. Solo dos opciones: arriesgarse en el 301 o pedir un cupo en el vuelo de las 7 de la tarde. Estoy hasta el dickson, necesito llegar antes de las 5 a una notaria del centro de Santiago.

A las 3 de la tarde nos dicen que el avión esta tiqui-taca. Tragamos saliva, apretamos los dientes y nos subimos al avión. Al comienzo ocupamos los asientos consignados en los boletos, al rato nos piden que nos re acomodemos y mueven a todos los pasajeros juntitos hacia el centro. Pienso: “de verdad hay problemas con la carga y la están equilibrando con nosotros”. De nuevo el capitán al habla “Estimados pasajeros, les vuelvo a reiterar mis disculpas…en estos 15 años como piloto jamás habíamos tenido este problema…revisamos las causas del problema y ahora estamos en condiciones de hacer un viaje según los estándares adecuados…”.

Miro a mi compañera, con susto y cara de aceptación. Comienzan los preparativos, las indicaciones de seguridad son ejecutadas por uno de los trabajados que tiene una cara de culo, dejando ver una tremenda preocupación. El avión se aproxima hacia su posición de despegue, un pasajero se levanta y va hacia la cabina. El capitán pide disculpas por el nuevo retraso, esta vez es porque el pasajero se arrepiente y decide bajar. Entre los pasajeros hay dudas, mi compañera me dice que tiene miedo y se quiere bajar. Estoy con el chico a dos manos pero no quiero ser yo quien tome la decisión. El pasajero se baja y el avión vuelve al punto de despegue, comienza a acelerar. El pasajero de junto se persigna. Es el segundo intento, mucha tensión, va rápido, muy rápido, sube la punta, comienza a ganar altura, baja un poco y sentimos ese efecto de montaña rusa.

¿Cuáles son las medidas ofrecidas por la empresa para mitigar los efectos asociados a este viaje? 

El despegue salió bien y vamos camino a Santiago. La entrega de los snacks fue un momento tenso entre los pasajeros y la tripulación. El viaje una completa tortura. Después de unos 45 minutos aterrizamos en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, nadie aplaude. Son las 5.30, cague con la notaría. Llamada por teléfono, súplica, me van a esperar. Salgo rajado, las maletas extrañamente están listas. Una perdió una rueda. No hay tiempo para reclamar, estamos atrasados.….

Unos días después hacemos los reclamos en el counter de La Serena. Nos entregan una maleta nueva. Preguntamos por la forma de hacer los reclamos y nos sugieren realizarlo a través de la página web. Pedimos mayor información del incidente. Nos dicen que efectivamente una de las esquina en una puerta estaba ligeramente torcidas, que el avión podría hacer el vuelo sin problemas pero que pos estándares de la empresa deben repararla. También nos dicen que ese tipo de arreglos son imposibles en las instalaciones de La Florida. Entonces, ¿hicimos el vuelo en condiciones poco óptimas según los estándares de LAN?

También nos confirman que hubo problemas con la carga del avión y por esto fue necesario reubicar a los pasajeros. Entonces ¿había mucho peso y realmente ocuparon a los pasajeros para equilibrarlo?

Parecen dos preguntas bien hueónas, pero resulta inevitable planteárselas al considerar dos episodios en la historia de la aviación: 1) en 1990, el parabrisas de la cabina de un avión se desprende de la nave por diferencias de presión. ¿La causa? Tornillos de diferente calibre. ¿El vuelo? 5390 de Birmingham a Málaga. 2) en 2011, un avión se estrella en las cercanías de Juan Fernández. ¿La causa? Una de las presuntas causas fue la reducción de combustible a favor de un incremento en la capacidad de carga. ¿El vuelo? CASA C-212-300 Aviocar de la Fuerza Aérea de Chile. En el primero de ellos los pasajeros salvaron ilesos gracias a las maniobras del copiloto, en el segundo las condiciones del desastre fueron superiores y lamentablemente todos los pasajeros perdieron la vida.

Entonces, nuevamente plantear algunas interrogantes ¿Cuál es la versión oficial de lo ocurrido durante el vuelo LAN 301 el 15 de abril de 2015?, ¿Cuáles son las medidas ofrecidas por la empresa para mitigar los efectos asociados a este viaje? y ¿Cuáles podrían ser las implicancias legales de la empresa?.

Por: Andrés Zamora, uno de los pasajeros.

N.de R. Este medio informó en su momento del incidente y se comunicó con LAN, cuya respuesta puede encontrar en este link

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