Editorial Mi Voz: El futuro y lo global, la conversación que nos falta en Chile

20 Enero 2021
Mirar a través de la lupa economicista, cortoplacista y provinciana, es insuficiente y se hace inepta para hacernos cargo de la construcción estratégica de nuestro país.
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No estamos mirando con suficiente atención asuntos tan relevantes como la crisis del imperio americano y la emergencia del imperio chino, la crisis ecológica, los avances en biotecnología, la irrupción de los autos eléctricos, la inteligencia artificial y la automatización del trabajo y la producción de carnes no animales, por enunciar algunos tsunamis que atisbamos prontos en el horizonte.   

¿Pero qué tiene que ver esto con nuestro convivir? Simple, nos guste o no, todo eso nos va a pegar de todas las formas habidas y por haber, y el peor riesgo reside en la perpetuación de una miopía que nos impide tener una conversación adecuada sobre nuestro futuro. Como aprendimos de la pandemia, todo está íntimanente conectado, y un estornudo en la salud, en la economía o en la cultura, por más lejos que esté de Chile, nos implica y afecta. 

Es que tenemos esa ingenua adicción de buscar nuestros diagnósticos, problemas y soluciones a nivel local, y lo que queda fuera es, nada más y nada menos, que el resto de la humanidad y su intenso flujo de cambios. En estos tiempos vertiginosos, “cambios” una palabra timorata, pues son más bien revoluciones que no dan tregua, transformando estructuras de poder, sistemas políticos, las ciencias, la economía, la tecnología, nuestras creencias y hábitos en lo social y cultural. Aunque parezca una obviedad decirlo, los feminismos, una nueva relación con el medio ambiente, un digno trato a los pueblos originarios, o dismunuir las desigualdades, no son desafíos “made Chile”, sino que son conversaciones globales. 

2 pasos más allá de la contingencia

En Chile, la prensa, las diversas agendas ideológicas y la ciudadanía parecen estar pensando el futuro centrándose principalmente en 2 hitos: el proceso hacia la Nueva Constitución y las próximas elecciones presidenciales. Ambos implican reflexiones y planificaciones nacionales de corto y mediano plazo, a las que necesariamente debemos agregar conversaciones y proyecciones globales de más largo aliento, que asuman adecuadamente y con mirada estratégica la complejidad de los procesos y fenómenos que estamos viviendo. En este sentido hay ausencias fundamentales, como hacernos cargo de los efectos más profundos que tendrá la pandemia y la búsqueda por salud y prosperidad en el mundo, y éste es un gran desafío global. 

Estamos en medio de movimientos y revoluciones que nos van a cambiar el destino y, es de esperar también, la conciencia. Este escenario ofrece rehacerse preguntas sobre las distancias que tenemos entre nosotras y nosotros, la calidad de nuestra convivencia y nuestro navegar en los mares globales e inciertos. Existe una tendencia a responder desde la economía y esto tiene sentido porque su peso en la vida es innegable, pero no por ello nuestras conversaciones deben situarse siempre desde ese ángulo. Es preciso combinar la lupa economicista con otras que nos ayuden a ver con perspectiva. 

El Congreso del Futuro con el lema “Habitar la incertidumbre”, que se realiza por estos días en Chile, es una señal potente. 

La cultura, por ejemplo, nos invita a observar y preguntarnos por el ser y la existencia en los nuevos tiempos, por una identidad nacional y regional que no sea importada de China, de Estados Unidos o de ningún otro lugar, sino que de cuenta de nuestra autenticidad y proyecto ético país. 

Y acá como allá, tenemos que exceder nuestros mayores esfuerzos de cómo enfocar la mirada para construir sociedades que asienten los bienes particulares entretejidos en el bien común. Realizar el más intenso esfuerzo creativo y consciente, que nos ofrezca un futuro que dé tanto bienestar como progreso económico, cultural y ético para nuestras naciones, entendiendo que es en plural en tanto innegablemente globalizado.

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