[Opinión] El debate presidencial olvidó la problemática ambiental

[Opinión] El debate presidencial olvidó la problemática ambiental

23 Junio 2017

¿Qué estrategias se desarrollarán para mejorar los procesos de producción y la ciudadanía necesita saber?, ¿se tendrá la capacidad de dejar de lado proyectos energéticos, mineros y salmonideos que son contaminantes?, ¿se les exigirá a las empresas estándares OCDE?

Andrés Gillmore... >
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El hombre nace libre, pero querámoslo o no, está encadenado a su forma de hacer y producir y su relación con el medioambiente marca su destino, su progreso, su sustentabilidad y su calidad de vida. Aunque muchas veces nos consideremos amos y señores de nuestro destino, dependemos del respeto que tengamos por la naturaleza y cómo nos relacionemos con ella; estamos tan ensimismados en nosotros mismos, que olvidamos que somos habitantes de un pedazo de tierra, que necesita mantención y cuidados como parte del todo territorial. Debemos entender que el medio en el cual vivimos y nos desarrollamos, es lo más importante para el todo general para proyectarnos con sustentabilidad. 

Una parte importante de los problemas que aquejan en la actualidad a nuestro querido y amado Chile, son de carácter ambiental, determinando muchos de los problemas sociales a los que nos vemos enfrentados, que como todos sabemos son difíciles de contrarrestar si no se enfrentan a tiempo. Al parecer hemos olvidado lo que sucedió el invierno pasado en Chiloé con el tema de la contaminación de las salmoneras; los incendios del verano pasado en los territorios utilizados del Centro-Sur por las forestales; los terribles impactos de las mineras y sus pozos de relaves; la seria intención de seguir interviniendo ríos del sur austral con represas con muros de contención y embalses para producir energía, sustentando la intención diciendo que son energías renovables, cuando no lo son y nunca lo serán. Nos demuestran una vez más, que no se ha tenido la capacidad de entender el problema ambiental y su significación para la proyección futura de las regiones y los intereses privados se siguen imponiendo a los del país. 

No sacamos nada con ser un país con una supuesta alta tasa de crecimiento y un PIB alto, si no lo acompañamos con armonía y balance ambiental en los territorios regionales. Es como ganarse la lotería y tener cáncer. Si nos hicieran elegir entre uno y otro; lógicamente desechamos la lotería y nos quedamos con la buena salud, porque entendemos que nada es más importante que la salud. Con un país ocurre exactamente lo mismo y sobre todo en los tiempos que corren, donde hemos empezado a descomponernos de una manera casi irreversible a nivel regional. 

Con el pasar de las décadas nos hemos ido transformando en un país sucio y con cientos de problemas que se tienen que solucionar; que no se solucionan. La huella de carbono que está generando la matriz energética es deplorable, desde centrales a carbón, diesel y hidroeléctricas que intervienen ríos, sedimentándolos y destruyendo todo a su paso. 

Estamos ad portas de una elección presidencial de trascendencia para el futuro de Chile en todo orden de cosas, que marcará un antes y un después para la proyección de futuro y el tema ambiental se ha omitido en los debates y entrevistas en radio y televisión, poniendo interrogantes de cómo el próximo gobierno enfrentará la contaminación de las regiones por los procesos productivos. ¿Qué estrategias se desarrollarán para mejorar los procesos de producción y la ciudadanía necesita saber?, ¿se tendrá la capacidad de dejar de lado proyectos energéticos, mineros y salmonideos que son contaminantes?, ¿se les exigirá a las empresas del origen que sean, estándares que estén de acuerdo con los países de la OCDE?, ¿se tomará una decisión política de Estado y definitiva, para sustentar las ERNC en las matrices energéticas regionales?

El problema ambiental de los formatos de producción que han contaminado las regiones durante décadas, está sustentado por el nulo estudio de las capacidades de carga de las regiones y la falta de fiscalizaciones serias y profesionales. Los problemas no se solucionan simplemente con normas, reglamentos y leyes. Se solucionan con un Estado empoderado en su deberes con conciencia, ética, educación y una posición estratégica de desarrollo con sustento político, de querer lograr un objetivo con una decisión fuerte y responsable, para hacer el cambio de paradigma en los formatos productivos, tal como lo hacen los países desarrollados cuando toman decisiones de importancia. 

En la actualidad se carece a nivel gubernamental y político, de la motivación real para resolver la problemática ambiental de las regiones. Sabemos cómo debe enfrentarse en forma teórica y cuáles son los formatos políticos que necesitamos, pero no se hace nada para remediar la situación y irremediablemente terminamos hipotecando el presente-futuro y el de las próximas generaciones, por intereses ajenos a los intereses del país, completamente dominados por una visión privada transnacional. Lo que se ve, es que los gobiernos no se han atrevido a enfrentar el tema para no afectar los intereses empresariales y los gobiernos dejan sus legados, esperanzados que el próximo gobierno resolverá el problema y así han pasado 25 años. 

La preocupación por el medio ambiente debe ser un tema central para el modelo de desarrollo de un país subdesarrollado y no solo utilizarlo como formato instrumental para hacer teórica ambiental con fines políticos. Es decisivo considerar el tema ambiental estratégicamente y con la seriedad que corresponde. La existencia de acuerdos internacionales del cual somos parte como el de París que nos obliga a reducir las emisiones de CO2, termina olvidado por los gobiernos, produciendo serias discrepancia sustantivas con los intereses creados de los grandes empresarios y los gobiernos de turno. Tal como ocurre con el acuerdo 169 de la OIT sobre pueblos indígenas que Chile es parte y a pesar de ello, no se ha respetado en forma y fondo. Cuando los tratados nos favorecen como sucede con Bolivia, lo sacamos en cara y nos enorgullecemos de ser parte. Pero cuando los tratados nos desfavorecen y nos obligan, simplemente nos hacemos los desentendidos. Existe también un tratado de Cuencas Compartidas con Argentina desde 1991, que obliga a las dos partes a informar cualquier intervención de esas cuencas compartidas, pero el tratado nunca se ha respetado y las transnacionales han realizado EIA y han omito el tratado. 

La dificultad para alcanzar acuerdos en temas de protección medioambiental en Chile, se debe a que la acción política representante de las grandes empresas, ha estado obstaculizando sistemáticamente las iniciativas en el congreso, a instancias de los grupos económicos. El Ministerio de Medio Ambiente que debería tener una importancia vital a la hora de implementar su visión en estrategias de desarrollo y ser un referente de todos los ministerios, en la actualidad esta por debajo del Ministerio de Hacienda, amo y señor de los gobiernos y no esta en igualdad de condiciones y lo que es peor, no posee ninguna capacidad de proyectar en forma coherente los procesos que debería representar y sin ninguna posibilidad para estar por encima de los intereses inmediatos de los actores políticos y empresariales.