Bicicleta: el transporte anti-pandemia

Bicicleta: el transporte anti-pandemia

25 Agosto 2020

A los atributos de sencilla, económica, versátil y saludable, la bicicleta suma un nuevo superpoder: ser el medio de transporte ideal para la nueva realidad impuesta por el COVID-19.

Gwen Saffie >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Mi primera bicicleta fue una BMX. Era azul y amarilla, con grandes rayos plásticos amarillos y ruedas con perfil azul, veloz y fabulosa. Soñé mil veces que me convertía en ciclista profesional gracias a las innumerables carreras que ganaba en mi mente, hasta que una mosca se atravesó en mi camino y se llevó mi ilusión de un plumazo.

Varios años después llegó a mis manos una chopera negra, enorme y muy pesada. No tan rápida ni versátil como la BMX, pero más cómoda y firme.

Durante años usé esa bicicleta para salir a jugar con mis primos: armábamos ciudades con carriles separados, documentos de identidad y hasta un incipiente comercio, gracias a las esporádicas salidas al almacén cercano para abastecernos de chicles, calugones, bowlings y superochos.

Apenas hace algunos años retomé la bicicleta, pero ya no como un juguete, sino como el medio de transporte perfecto para distancias cortas. Vivo en una zona de La Serena que cuenta con excelente acceso a las ciclovías de la conurbación, lo que me permite desplazarme con seguridad (a pesar de todos los años andando en bicicleta, gracias a mi naturaleza torpe, la probabilidad de caerme en algún punto del trayecto es invariablemente alta).

A nivel nacional, el uso de la bicicleta como medio de transporte ha aumentado consistentemente en los últimos años. A mediados del 2019, un estudio de Eco-counter (empresa europea especializada en el conteo de peatones y ciclistas en entornos urbanos y naturales) ubicó a Chile como uno de los cinco países con mayor crecimiento en el uso de bicicleta, junto a Polonia, Suecia, República Checa y Luxemburgo, con una tasa que supera el 10% anual.

Este crecimiento (medido en 2017 y 2018) fue atribuido al aumento de la congestión vehicular, el precio del transporte público y la demanda por llevar una vida más sana.

Tras el estallido social, el uso y comercialización de bicicletas tuvo un notorio impulso: ante la dificultad de utilizar el transporte urbano, la bicicleta fue el medio preferido. De acuerdo con publicaciones de la época, durante octubre la demanda de este medio de transporte creció en casi 100%.

Con la llegada de la pandemia, estas cifras siguen al alza. A fines de mayo de este año, la Organización Mundial de la Salud recomendó este medio para evitar las aglomeraciones en el transporte público. La bicicleta permite la distancia social, la combinación con otros modos de transporte; está expuesta al sol y al aire libre, además de brindar una tremenda ventaja: mientras te desplazas haces ejercicio, mejorando tu sistema inmunológico.

Con respecto a los precios, hay diversas alternativas: mientras una bicicleta usada en buen estado puede obtenerse por unos 40 mil pesos, hay buenas opciones de bicicletas nuevas desde los 100 mil pesos.

En diversas ciudades europeas se han puesto en marcha planes de emergencia para adaptar el transporte a la pandemia. Parte de los recursos comprometidos están siendo destinados a la habilitación y ampliación de ciclovías. Bruselas, Berlín y Barcelona, por ejemplo, tienen previsto construir 40, 22 y 21 kilómetros de carriles adicionales respectivamente. Asimismo, el Gobierno italiano ha aprobado ayudas de hasta el 60% del valor de la bicicleta, hasta un máximo de 500 euros.

Este contexto, tanto a nivel nacional como mundial, es una oportunidad para repensar nuestras ciudades, así como nuestras propias costumbres. Las bicis pueden contribuir sensiblemente a crear ciudades más amables, saludables y sustentables. Para ello, es imprescindible contribuir a la construcción de infraestructura dedicada y de calidad, sobre todo en las avenidas principales.

Actualmente, en la conurbación contamos con de 28 kilómetros de ciclovías. En una zona turística, la presencia de ciclovías no sólo entrega una interesante opción para conocer las ciudades, sino además brindar una imagen de ciudad sustentable y que apoya el deporte y la vida sana. Seguramente habrán visto el tótem ubicado en la ciclovía de Avenida del Mar. Se trata del “Eco Display Counter” que mide el flujo de usuarios que transitan por esta vía. En un día normal, este tótem registra un promedio de casi 1.300 ciclistas, mientras que, en el verano, esta cifra se eleva por sobre los 2.500 usuarios al día

El uso de la bicicleta supone también un desafío para los mismos ciclistas: respetar las señales de tránsito, cruzar por las zonas habilitadas y acostumbrarse al uso de casco como mecanismo imprescindible para proteger nuestras vidas. A pesar de la ironía que esta imagen supone, hoy es mucho más común ver ciclistas con mascarilla que con casco.