Opinión: Matriz energética y el buen uso del patrimonio natural

Opinión: Matriz energética y el buen uso del patrimonio natural

10 Marzo 2014

Hoy ad portas de la llegada de una nueva administración a la Moneda y cuando las expectativas son grandes por decir a lo menos, debemos tener la capacidad de desarrollar una política energética de largo aliento, que permita tener claridad de las verdaderas necesidades del país.

Andrés Gillmore... >
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Uno de los mayores problemas del Chile de hoy y que con el tiempo se ha transformado en la gran valla hacia el desarrollo, es nuestra política energética, que literalmente en la actualidad no existe. Desde la entrada de la nueva democracia en el año 1989, en primera instancia no fue tema y luego no se han tenido claros los caminos que debemos seguir, mucho menos los conceptos, las necesidades, las estrategias que se deben tomar y por sobre todo los protocolos para actuar de acuerdo con lo que se requiere en una realidad, donde el medio ambiente y su protección se ha transformado a los días de hoy, en uno de los ítems más importantes de desarrollo de una nación y que en Chile hemos olvidado totalmente.

Haciendo un poco de historia, el único gobierno que tuvo cierta intención en generar una política energética de base para sustentar la matriz, fue Eduardo Frei-Ruiz Tagle (DC), pero lamentablemente se apostó por el gas natural argentino y se fracaso rotundamente con la intención, porque lamentablemente se privilegio el negocio ante la sustentabilidad del recurso y la gran apuesta y la inversión finalmente quedo en nada.

Desde ese entonces el tema nos superó totalmente y se transformó con los años en un verdadero tabú para los diferentes gobiernos que sucedieron a Frei Ruiz-Tagle, que muy bien aprovecharon las transnacionales, que desde ese entonces se quedaron con la responsabilidad de cómo se produce esta energía, en donde se extrae y transformaron la necesidad energética en un negocio; tanto es así, que se permitió la creación de una ley ambigua y poco representativa, donde los estudios de evaluación ambiental que sustentan estos proyectos, son realizados por las mismas transnacionales interesadas que a la vez cuentan, con evaluaciones poco claras por decir a lo menos, que finalmente nos han llevado a una realidad poco cómoda por decir a lo menos y de verdad complicada, al no tener el tema resuelto a esta altura del partido.

Elke Batista, el empresario y magnate Brasileño, con grandes inversiones en proyectos termoeléctricos en el norte grande, dijo sin tapujos hace un tiempo atrás: “lo que me piden en Chile es energía barata a un precio bajo, además no me lo pide el gobierno propiamente tal, si no las mismas empresas mineras que necesitan la energía, como el gobierno las apoya y acepta la intervención, uno tiene que regirse bajo los parámetros establecidos. Por eso las centrales son básicamente a diesel y carbón, más fáciles y rápidas de implementar, que son las que más se ajustan a los requerimientos inmediatistas de Chile en la actualidad. Las energias renovables no convencionales no entran en las necesidades requeridas, porque tienen una inversión mayor y son más lentas en entrar al sistema”. Los dichos de este empresario extranjero, reflejan la verdadera realidad de la política energética de Chile y de cómo se ha regido en las últimas décadas y es la razón principal del porque estamos como estamos, tan carentes de una matriz energética sustentable.

Aun no se hemos tenido la capacidad de internalizar en las variables de desarrollo, el costo real del buen uso del patrimonio natural y ambiental que poseemos, sin entender las verdaderas repercusiones de vida para los habitantes de las regiones pretendidas por los proyectos energéticos y lo que verdaderamente representa para el estado chileno estas intervenciones irresponsables hacia el medio ambiente y las comunidades. No se entiende o se deja de lado lo que es peor aún, la verdadera significancia de este valor y no se evalúa como debería de ser a la hora de tomar decisiones, no entendiéndose que los costos posteriores que no son menores, serán pagados para el mismo estado de Chile, al tener que sacar de las arcas estatales las diversas soluciones a los problemas que acarrean las variables de intervención social, que no fueron tomadas en cuenta por las transnacionales y que irremediablemente tendrán que financiarse con los impuestos de todos los chilenos, que es en forma indirecta una verdadera subvención insostenible al día de hoy a estos proyectos energéticos que no son soluciones y si negocios entre privados.

Hoy ad portas de la llegada de una nueva administración a la Moneda y cuando las expectativas son grandes por decir a lo menos, debemos tener la capacidad de desarrollar una política energética de largo aliento, que permita tener claridad de las verdaderas necesidades del país y no solo de las transnacionales para hacer sus negocios, entendiendo que la variable social es tan o más importante que la misma variable de negocios con la que se evalúan la intenciones en los diferentes proyectos energéticos.